Rallos y Centellas: respuestas de Diego Guerrero a Juan Ramón Rallo

Diego Guerrero

Estas respuestas fueron reproducidas en el blog de la asociación universitaria Decíamos Ayer, asociación cultural que algunos estudiantes establecimos en la Facultad de Ciencias Políticas y de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid que llegué a presidir durante dos años. La asociación estuvo activa entre el 2005 y el 2008, y la presidí desde el 2006 hasta su final. Nos tocó bregar con los socialfascistas de Contrapoder, ahora líderes de Podemos, y entre otras cosas organizamos ciclos de cines, publicamos un blog, realizamos una charla, entre otros, con el transhumanista Giulio Prisco, el sociólogo Amando de Miguel, e incluso el doctorando entonces Pablo Manuel Iglesias Turrión, con el que tuve el placer de comer algo después de su intervención en la cafetería de profesores de la Facultad, acompañados por un amigo común, Víctor Manuel.

En ese blog publicamos las respuestas del profesor y economista, Diego Guerrero, marxista, y director de mi tesis doctoral, a Juan Ramón Rallo, entonces otro doctorando que publicaba asiduamente en Liberalismo.Org, mucho antes de convertirse en economista estrella y representante más mediático hoy día de la escuela austriaca en España. Los textos de Rallo sobre ese debate, una diatriba sobre el poder taumatúrgico de la utilidad marginal en su versión más subjetivista (hay diferencias entre Menger, padre de la criatura que Rallo sigue, Jevons-Marshall y Walras), están en Internet y pueden consultarse. Solo hay que buscar. Las respuestas de Guerrero, concitadas en un único escrito, desaparecieron cuando el blog de la asociación dejó de funcionar. Hace días, no obstante, alguien por Twitter me preguntó por aquellas respuestas, y las pude localizar en WebArchive.Org. No obstante, para que visualmente tenga una mayor calidad, y para recuperar en esta década, trece años después de haber sido escritas, aquellas respuestas de Guerrero, las cuelgo en el blog de Ameriberia. Ni que decir tiene que hago mías todas las respuestas de Guerrero a Rallo:

Varios amigos me hicieron saber en su momento las 4 críticas de un tal Rallo al apéndice de un libro mío sobre las teorías del valor. No merece la pena contestarle en serio, pero al menos daré la respuesta que adjunto, que me ha divertido un poco. Si alguien desea leer algo menos jocoso, le puedo hacer llegar un libro (no demasiado gordo) reciente que escribí sobre el tema. En Verdana 9 transcribo textos entrecomillados suyos. Y mis comentarios (47) van en Times New Roman 12.

Saludos,

DG

Dice Rallo…

1) “Lo cierto es que, realmente, la utilidad no se deriva del consumo, sino la consecución de los fines del actor”

¿El que tiene un euro sólo puede tener fines por valor de un euro?

2) “Las ‘acciones’ de estas personas [se refiere a las austeras] no les son útiles en absoluto (pues no se dirigen a consumir, sino a alcanzar fines distintos del consumo) y la pregunta pertinente será, pues, ¿por qué actúan?

Aquí confunde consumo con compra, como es habitual en los utilitaristas. Un austero puede disfrutar consumiendo su música, sus libros o su televisión. Pero los consume en casa, no en el mercado. Para recibir utilidad no hace falta comprar compulsivamente.

3) “Es un “hecho” objetivo que el valor es subjetivo”

La valoración que hace el sujeto es subjetiva, of course, pero el precio es objetivo, y es ese precio objetivo el que interesa a la teoría del valor mercantil.

4) “El problema es que el valor NO es mensurable”

Ése es el problema de la teoría utilitarista. El valor objetivo sí se puede medir y de hecho se mide.

5) “Partiendo del error de la necesidad de medición, Guerrero continúa…”

¿Pero qué coño de teoría del valor es una teoría que considera un error medir los valores? ¿Se imaginan una teoría del mundo físico que no quiera medir las cosas que analiza? Pues bien, el mundo social es un subconjunto del mundo físico.

6) “El valor se otorga en función del valor “esperado”, es siempre “ex ante”; no se experimenta nada, sino que se espera experimentar”

Eso será el valor imaginario de los utilitaristas o la valoración subjetiva. Pero el valor o precio objetivo no se otorga por nadie: se determina objetivamente por las relaciones sociales que se expresan en el trabajo fragmentado de las diferentes empresas capitalistas. ¿Qué tendrá que ver que Fulano aprecie mucho o poco una pluma que le dejó su padre en herencia? El mercado la valora objetivamente de otra manera y por otras razones.

7) “Imaginemos un stock de cinco unidades… Cuando consuma una de ellas, el stock se reducirá en una unidad y, por tanto, el valor marginal aumentará”

Estos utilitaristas no sólo no saben qué es la producción sino tampoco el consumo. En la realidad se están consumiendo continuamente unidades de los stocks existentes de las diferentes mercancías, y sin embargo su valor no cambia… mientras no varíen las condiciones de producción (trabajo).

8) “el sujeto no necesita cuantificar su placer. Lo único que requiere es ser capaz de discriminar cuáles son los fines prioritarios para modular su acción en consecuencia. No necesita ni constancia ni un patrón de medición. Basta con que su acción sea, en todo momento, la mejor, la más adecuada”

Aparte de la jerarquía de necesidades, que nadie cuestiona y que no tiene nada que ver con cómo se forman los precios, podemos preguntarnos: “Vale, cada cual compra lo más adecuado en cada momento, o incluso no lo compra porque no tiene dinero, pero ¿se puede saber qué tiene eso que ver con los precios? Fulanito se compra un Mercedes porque es lo más adecuado para él, y yo me compro un 600 porque es lo más adecuado para mí? Aparte de que es una manera curiosa de hablar, ¿qué tiene eso que ver con los precios de ambos coches?”

9) “Aunque no pueda cuantificarlo, sé que me gusta más la carne que el pescado. ¿Cuánto más? Lo ignoro, pero ello no imposibilita mi conocimiento acerca de mis preferencias.”

Vale, voy a mirar el prospecto de una medicina reciente: incluye, entre otras cosas, “carboximetilalmidón de sodio” y “silicato alumínico magnésico”, dos mercancías que por supuesto tienen precio en el mercado (si no lo creéis, preguntádselo a GlaxoSmithKline). ¿Cuál prefiero? Yo lo ignoro, pero a lo mejor Rallo sí lo sabe. En cualquier caso, esta sabiduría nada tiene que ver con los precios. Y recuerden que hay como dos millones de mercancías presentes (sin contar con que otros utilitaristas insisten en que las mercancías son distintas para cualquier punto del tiempo, cualquier diferente contingencia, etc.)

10) “Yo doy cinco euros por un libro porque considero que el valor del libro es superior al de los cinco euros. No doy cinco euros porque considere que el valor del libro son “cinco euros”; en ese caso, ¿para qué efectuar el intercambio?”

No se entera. El problema no es ése. La cuestión es que, siendo lo que dice así para cualquier mercancía, ¿por qué vale más un coche que un zapato? ¿Qué determina esos valores diferentes? (Dejo de lado que la afirmación de que todo el mundo sale ganando con el intercambio es sólo una forma de ensalzar la economía capitalista sin ningún fundamento, ya que uno de los problemas del capitalismo es que impide a la gente intercambiar y adquirir cosas que necesita y que en otro sistema podría obtener; los parados por ejemplo no intercambian dinero por las cosas que no compran porque el mercado de trabajo los expulsó de su empresa).

11) “se adquirirán unidades mientras el valor del fin adicional conseguido a través de una nueva unidad sea mayor que el valor del fin marginal al que se renuncia”

Si me compro una barra de pan con el euro que tengo es que el aprecio o necesidad que tengo de ese pan es mayor que el de, por ejemplo, un periódico. Pero eso no explica por qué valen lo mismo en el mercado.

12) “Los empresarios que puedan pagar mayores rentas (por esperar percibir un mayor precio) y ACIERTEN, serán los que triunfarán en el mercado. Ésa es la competencia típica del proceso de mercado”

Al revés: triunfarán los que, ofreciendo la misma calidad, lo puedan hacer a un coste inferior. O bien los que, ofreciéndolo al mismo precio, dan un producto de mayor calidad. Porque el cliente se rige por la relación calidad/precio, pero esto, que es válido para todas las mercancías, no explica el diferente valor de cada una de ellas.

13) “Repetimos: sólo es necesario conocer la jerarquía de nuestros fines, algo que el actor conoce en cada instante perfectamente”

Insiste en lo del “carboximetilalmidón de sodio”… Pues vale.

14) “Como hemos explicado, el proceso de mercado opera de otra forma; pagan a los factores sus productividades marginales descontadas sobre las ventas de los productos a un precio anticipado”

¿Cuáles son las respectivas productividades marginales del “carboximetilalmidón de sodio” y el “silicato alumínico magnésico”. Sencillamente no “producen” por separado. Sólo producen juntos, en la mezcla específica de la medicina correspondiente a la que van a parar gracias al trabajo.

15) “Si yo elijo A a B es porque prefiero A a B, ¿y qué significa preferir? Que A me proporciona mayor utilidad que B”

…O que no tengo dinero para comprar B, o que no conozco la existencia de B, etc. En cualquier caso nada de esto explica por qué los precios son precisamente los que son.

16) “La curva de demanda es siempre decreciente, no por preferencias reveladas concretas, sino por la utilidad marginal decreciente”

Primero decía que no se puede medir cardinalmente la utilidad, ni era necesario hacerlo, y ahora va y mide nada menos que su derivada (eso es la utilidad marginal): ¿En qué quedamos?

17) “Lo único que realmente necesitamos saber para todo ello [es decir, para determinar la curva de demanda] es lo siguiente: a) el valor es la significación de un fin, b) la unidades iguales de un mismo medio permiten conseguir fines de una menor importancia (ordinalismo), c) por tanto, los medios adicionales, al estar afectos a fines menos importantes, tendrán un valor decreciente (utilidad marginal decreciente).”

Como el medio es el dinero, lo que dice Rallo es que un euro no vale lo mismo que otro euro. ¿No sabe que a los capitalistas y al mercado les da igual un euro que otro? No, no lo sabe.

18) “Sin utilidad marginal la demanda de agua y alimento serían infinitas”

¿Por qué? ¿Acaso Rallo, cuando sale a cenar se empazurra y atiborra permanentemente? ¿Acaso cena tres o mil veces al día? Las necesidades humanas son limitadas, lo que ocurre es que el capitalismo limita más las de unos humanos que las de otros.

19) “Guerrero confunde los términos. Su descripción no explica por qué la demanda tiene pendiente negativa, sino el denominado efecto renta. En pocas palabras, el efecto renta viene a decir que toda rebaja del precio de un bien ocasionará una expansión de la demanda con cargo al nuevo poder adquisitivo. Esto es, si el precio baja de 100 a 50, me ahorro 50 euros que ahora puedo gastar y antes no.
Sin embargo, el efecto renta presupone las curvas de demanda con pendiente negativa, no las explica.”

Nadie duda de lo que ya Marx llamaba la ley de la demanda (la forma decreciente de esa curva). Pero la teoría laboral del valor permite entender por qué el cambio técnico y la productividad creciente del trabajo rebajan con el tiempo la curva de “oferta a largo plazo” (es decir, el precio de producción marxiano) y por qué, sea cual sea la demanda, el precio baja como consecuencia. Pues bien: esos cambios en la oferta son la base real del efecto renta.

20) “Imaginemos un señor cuyo sueño vital es viajar a la luna, sin embargo no tiene suficiente dinero para ello aunque renuncie a todos los placeres de la vida actual. Sin embargo, imaginemos que se produce un descenso en el precio de todas las mercancías, de manera que, al final, renunciando a casi todos sus bienes, puede viajar a la luna. Ello no iría en contra de la ley de la demanda; el hecho de que bajara el precio de todo y disminuyera su cantidad demanda sería perfectamente lógico.”

Aquí confunde Rallo el desplazamiento a lo largo de la curva de demanda con el desplazamiento de la curva de demanda hacia la izquierda. Si fuera un estudiante mío, lo suspendería.

21) “Imaginemos que un señor compra un bien “a causa de su elevado precio”. La ley de la demanda y la utilidad marginal no dejan de aplicarse por el hecho de que, al caer el precio, el señor deje de comprar ese bien; y es que la causa que fundamentaba su adquisición ha desaparecido. Aunque físicamente es el mismo bien, en la apreciación subjetiva del individuo no (no sirve al fin, por ejemplo, de fardar ante sus amigos de poder adquisitivo).”

Ídem. Ahora la curva se desplaza a la izquierda porque han variado los gustos. Da igual que lo consideremos como uno de los efectos Veblen o no.

22) “si los bienes Giffen refutaran la ley de la demanda, como hemos dicho, su demanda debería aumentar conforme su precio sube, lo cual es simplemente absurdo”

En efecto, absurdo “simplemente”, es decir sin necesidad de creerse el artificio de la utilidad marginal.

23) “sin utilidad marginal decreciente, la demanda de los bienes con una elevada utilidad sería infinita”

Negar la utilidad marginal decreciente como fundamento de la curva de demanda no significa ni implica afirmar una supuesta ley de la utilidad marginal creciente. Aquí da Rallo un salto lógico. Sencillamente, la derivada de la utilidad no se puede calcular. Saber que tres periódicos dan más utilidad que dos, y dos más que uno, no informa nada sobre la utilidad marginal. La utilidad, tanto objetiva como subjetiva, existe; pero la utilidad no se deriva matemáticamente como tampoco se derivan el amor, la amistad o la pereza.

24) “Al final, negar la utilidad marginal decreciente es equivalente a negar la existencia de fines en la acción humana. Si existen fines estos tendrán que ordenarse de mayor a menor importancia para el sujeto, habida cuenta de la escasez de medios y tiempo. Por tanto, si negamos esa jerarquía estamos señalando que todos los fines son igualmente relevantes (esto es, igualmente irrevelantes) y que la acción humana no es teleológica, sino aleatoria, reactiva o dirigida.”

Ya he explicado que la jerarquía de necesidades es un hecho. Pero no explica los precios. Primero, dicha jerarquía existía en sociedades en las que no había precios, y existe y existirá siempre. Pero para explicar los precios se necesita otra cosa. Si A prefiere la carne al pescado, y B al revés, ¿qué tiene que ver eso con la formación de los precios?

25) “Pero claro, si la revolución marginalista hubiera ocurrido un poco antes, el marxismo ni hubiera nacido”

El marginalismo es anterior al marxismo, y no debe confundirse con el utilitarismo. El gran Cournot era marginalista pero no utilitarista sino defensor de la teoría del valor de Ricardo. Lo que hacen Marx y sus buenos discípulos, como Rubin, es desarrollar ideas perfectamente compatibles con Cournot.

26) “En otras palabras, cuando yo adquiero una unidad adicional, el valor de todas las restantes unidades disminuye. ¿Por qué? Sencillamente porque las unidades son intercambiables y, por tanto, ya no hay última unidad, sino un stock de unidades que permiten satisfacer hasta determinado fin (fin marginal). Por ejemplo, si yo tengo cuatro sacos de cereales y el último lo dedico a alimentar a los cerdos, el valor de un saco de cereales es el de alimentar a los cerdos. Si adquiero un nuevo saco para darlo a los más necesitados, el valor de un saco -de cualquier saco- pasa a ser el de alimentar a los pobres. Todo ello aunque yo imprima en cada saco una etiqueta diciendo “Destinado al consumo humano”, “Destinado a alimentar a los cerdos”, etc… Y es que, si me roban el saco destinado a alimentar a mi familia, no por ello moriré de hambre, simplemente dejaré de ser caritativo con los pobres.”

Dejando aparte que queda clara la concepción social de Rallo al hacer explícito que para él vale más el cereal con que se alimenta a los cerdos que el que sirve para alimentar a los pobres –y que, por tanto, si a él le roban el saco no se morirá el de hambre él sino los pobres–, el principal punto de interés es que no sale de la misma idea de siempre. Este hombre es un hombre de una sola idea. Vale: el último saco se valora menos que el primero, así como el último litro de agua más que el primero, etc. Pero ¿qué determina lo que valen el agua y el saco en el mercado? No puede ser un simple principio tan general y banal como el que usa él.

27) “Lo importante es el valor que influye y determina la acción, no la satisfacción experimentada una vez se haya actuado”

¿Y cuál es el valor que influye y determina la acción? El precio, claro está. Luego es el precio, determinado por las cantidades de trabajo, lo que determina las utilidades subjetivas, y no a la inversa.

28) “Tenemos tres modalidades de formación de los precios en una economía libre. Negociación inter partes, el comprador fija el precio, el vendedor fija el precio. En la negociación inter partes, comprador y vendedor negocian un precio para el intercambio. Obviamente, este precio se situará entre el valor del fin inmediatamente anterior al que satisface el bien en cuestión para el comprador (de manera que si el precio se fija en una cantidad monetaria que sirva para conseguir fines de mayor valor obligaría al comprador a declinar la oferta) y el valor del fin inmediatamente superior al que satisface el bien en cuestión para el vendedor(de manera que si el precio se fija en una cantidad monetaria que sirva para conseguir fines de menor valor obligaría al vendedor a declinar su oferta).”

El valor relevante para el vendedor es el que le permite obtener la tasa media de ganancia sobre sus costos de producción (cantidades de trabajo). Los capitales reguladores lo establecen, digamos, al nivel de 17 euros (si fuera superior, la rentabilidad sería superior a la media, esto atraería a más capitales y el incremento resultante en la oferta haría bajar el precio de nuevo a 17). Los “valores” de los diferentes consumidores pueden ser los que sean, por ejemplo 17, 28, 345 o 1562. Lo único que sabemos es que son superiores a 17 y que el precio, según Rallo, se mueve entre esos límites. Pues no: al final el precio se fijará en 17, y por tanto es el trabajo el que determina el precio, y no las utilidades de los diferentes consumidores.

29) “Cuál será el precio final es imposible de determinar para la ciencia económica; es más, no le interesa. Estamos ante cuestiones puramente históricas, no teóricas. Basta con afirmar que la transacción tendrá lugar entre esos dos límites, o no será.”

No hay ciencia económica si no puede medir la realidad que constituye su objeto. Rallo pretende criticar la teoría laboral del valor, que es una teoría sobre cuáles son los precios de mercado, ¡con una teoría que afirma que no hace falta saber cuáles son los precios de mercado! ¡Bonita teoría del valor!

30) “Por último, el modo más frecuente de formación de precios en las economías capitalistas es el appreisement empresarial, esto es, el vendedor propone un precio y los consumidores demandan en función de ese precio. En estos casos, el precio de las transacciones que se realicen, como es lógico, no podrá superar la utilidad marginal del comprador. Si el vendedor fija un precio superior a ésta, no venderá los productos, se quedará con todos ellos. Por tanto, el correcto appreisment empresarial está estrechamente relacionado con fijar un precio inmediatamente por debajo de la utilidad marginal de los compradores a los que aspire.”

Está claro que se refiere al appraisement, que como todo el mudo sabe tiene el mismo origen etimológico que price, precio. Lo interesante es que reconoce que el modo normal es éste. Por tanto, él mismo reconoce que la empresa fija el precio a su coste en trabajo (incluida la ganancia proporcional al capital) y los compradores comprarán más o menos según sus gustos y renta (que Rallo llama utilidad, preferencias, etc.).

31) “En todo caso, podemos sacar una conclusión común para los tres tipos de formación de precios: la propiedad privada es previa al precio. Tanto el comprador como el vendedor tienen que ofrecer algo a cambio de otro algo. Sin propiedad privada, el comprador no puede renunciar a nada para adquirir una determinada cantidad de productos.”

Muy profundo todo esto. Qué iluminador.

32) “De ahí, que en ausencia de propiedad privada, no existan unidades marginales y, por tanto, ni precios, ni costes, ni necesidad de limitar la demanda. No es posible una asignación eficiente de los recursos ya que, como puso de manifiesto Mises, sin precios de mercado no es posible el cálculo económico.

Dos cosas. Primero: marginal significa adicional. Por lo visto, los hombres de Altamira, en donde no había precios de mercado, no sabían distinguir entre un bisonte y dos, o tres, etc. Y segundo: después de la lata que nos ha dado diciendo que no hace falta calcular y que la ciencia económica no puede calcular precios, ahora llega, agarra y dice que su maestro Mises ya demostró que hacen falta los precios para calcular. Desde luego Rallo no le serviría de mucha ayuda.

33) “Y es que, ¿qué son acaso los costes sino precios?”

Por supuesto, pero detrás de esos precios está la base de esos precios, y de eso estamos discutiendo, de si la base son los costes laborales objetivos o las pajas mentales de los consumidores.

34) “Es posible que muchos, la gran mayoría, de los empresarios fijen sus precios añadiendo un cierto interés a los costes”

Confunde interés y ganancia. Es típico de estos economistas porque creen que en el equilibrio a largo plazo la ganancia es 0.

35) “pero ello en ningún momento significa que los precios se fijen en función de los costes, ya que precisamente el empresario confía en pagar esos costes porque supone que las ventas de sus productos le permitirán pagar a los factores productivos y obtener un cierto interés. Si las apreciaciones son erróneas (es decir, si el precio que espera que los consumidores paguen para poder financiar la producción supera la gran mayoría de las utilidades marginales de los consumidores), entonces el empresario no podrá pagar los salarios, los intereses y las rentas. Quebrará a menos que reduzca el precio. Y si al reducir el precio puede dar salida a la producción pero no puede pagar a sus factores productivos tanto como prometió (esto es, más de lo que les pagarían en otros usos alternativos), la producción se paralizará.”

El capitalista fija los precios al precio medio que determinan las condiciones (técnicas y sociales) laborales existentes y la ganancia media. Si a ese precio no cubre costes, se debe a que otros capitalistas más eficientes sí los están cubriendo. Por tanto los primeros tenderán a desaparecer y los segundos irán absorbiendo una cuota creciente del mercado. Todo esto se rige por la ley del valor-trabajo.

Obsérvese además algo típico: poco a poco, en su exposición, estos economistas se van olvidando de los rollos mentales de las cabezas de los consumidores y terminan por fijarse en lo que importa: las condiciones objetivas de trabajo. No les queda otra.

36) “Por tanto, la utilidad marginal sigue gobernando el valor de los bienes y servicios. Si el empresario paga más a los factores productivos que su productividad marginal, la empresa quebrará. Si les paga menos, simplemente no podrá contratarlos (pues otro empresario los contratará pagándoles un poco más hasta su productividad marginal). Y la productividad marginal es una productividad en términos de valor, esto es, sobre los ingresos adicionales que proporcionan; el ingreso viene determinado por el precio; y la utilidad marginal domina el precio.”

La productividad marginal de cualquier factor aislado es cero. Si la empresa farmacéutica adquiere un kilo más de “carboximetilalmidón de sodio” del que se puede mezclar con el “silicato alumínico magnésico” para hacer una pastilla más, entonces esa unidad adicional de “carboximetilalmidón de sodio” no produce nada.

37) “Es curioso como los marxistas pretenden endosarnos que los empresarios determinan el precio y, en cambio, no aplican esa misma lógica a los trabajadores. Si los que ofrecen las mercancías fijan, a través de sus costes, los precios en el mercado, los trabajadores, que ofrecen su trabajo, deberían fijar a través de su coste psicológico su salario.”

Los empresarios no determinan el precio a su antojo. Eso lo creen los teóricos del capitalismo monopolista, como Lenin, no Marx. El precio lo determinan las condiciones objetivas de producción y trabajo, es decir la explotación y la competencia entre capitalistas rivales que tienen que luchar por su supervivencia y por su enriquecimiento por medio de la misma arma fundamental siempre: la acumulación, que es lo que les permite a algunos reunir (o no) las condiciones técnicas precisas para producir más barato que los demás. Por tanto, tampoco los trabajadores fijan su salario, sino wue éstos se determinan por esas mismas condiciones objetivas e impersonales.

38) “¿qué es la productividad marginal sino el valor de los bienes adicionales producidos que se destinarán a la venta? ¿Y cuál será, pues, para el empresario el valor de esos bienes sino el precio al que se puedan vender? Por tanto, la productividad marginal será el ingreso adicional que proporcionarán los trabajadores al empresario.”

A la producción de riqueza (no confundir con el valor) contribuyen todos los factores unidos (unidos por cierto en un proceso de trabajo organizado). Por tanto, la productividad marginal (en valores de uso) de cierta cantidad de trabajo, junto a cierta cantidad de “carboximetilalmidón de sodio”, de “silicato alumínico magnésico” y de los demás componentes que entran en la pastilla, es precisamente la pastilla. Por tanto, no puede sorprender que el valor de la pastilla sea el valor de la pastilla. Cuál sea éste, los austriacos no lo explican ni pueden ni podrán hacerlo nunca.

39) “Böhm-Bawerk solía poner un ejemplo bastante ilustrativo. Imaginemos una locomotora que tiene cuatro vagones. ¿Por qué se mueven los vagones? Porque la locomotora se mueve. Ahora bien, muchos podrían decir, ¿por qué se mueve el cuarto vagón? Aparentemente porque se mueve el tercero; es decir, estarían explicando los precios (cuarto vagón) en función de los costes (primer, segundo y tercer vagón) y no de la utilidad (locomotora). No obstante, el problema sigue en pie. ¿Por qué se mueve el tercer vagón? Porque se mueve el segundo. ¿Y por qué se mueve el segundo? Porque se mueve el primer. Pero, ¿por qué se mueve el primero? Aquí los defensores de la teoría del precio-coste no tienen respuesta; la locomotora mueve el primer vagón que a su vez mueve a los restantes. La utilidad es el determinante último de los precios.”

Habrá que rebautizar a la teoría utilitarista del valor como teoría “ferrocarrilera”. El tren se mueve porque los trabajadores lo hacen moverse, y lo hacen con la ayuda de medios de producción que también construyeron y pusieron y ponen en movimiento otros trabajadores. Teoría laboral pura.

40) “la observación de que el precio suele coincidir con la suma de los costes tiene una explicación muy sencilla. Ya hemos visto cómo se fija el precio de los factores productivos. Imaginemos que, por distintos motivos (por ejemplo, una mejora tecnológica) el precio final de un producto es muy superior a la suma de sus costes. Si ello es así, aparecerán beneficios extraordinarios. En otras palabras, o bien el propio empresario o bien otros empresarios, tendrán incentivos para ampliar la producción de esos productos, rebajar el precio y disminuir los beneficios extraordinarios. Al final, pues, cuando el valor del producto final supera a la utilidad de los factores productivos, o bien parte de esos factores productivos se retiran a otras líneas productivas (con lo cual se incrementa la productividad de los restantes) o bien se incrementa el número de productos finales (con lo cual el precio del bien se reduce).”

Sustituyendo su expresión “supera a la utilidad de los factores productivos” por la correcta “supera el valor de los factores productivos”, casi llega a explicar la cosa. Precisamente Marx explicó que el capital invertido en los medios de producción es constante, porque ese valor reaparece en el output sin crecer; pero el valor invertido en salarios en variable, porque el valor que crea el trabajo directo es superior al valor que cuesta reproducir a los portadores de esa capacidad de trabajo directo. Cuando los utilitaristas terminan hablando de los costes y la oferta, se vuelven más realistas y no tienen más remedio que reconocer a su pesar la teoría laboral. Lo que ocurre es que se empeñan en seguir usando su especial terminología.

41) “Como ya hemos explicado, son los empresarios quienes crean los precios de los bienes de consumo y las rentas de los factores productivos”

Entonces, ¿por qué seguir llamando a vuestra teoría Teoría de la utilidad marginal del consumidor y no Teoría de la utilidad marginal del capitalista?

42) “debo coincidir con Guerrero que la economía neoclásica descansa en mediciones corruptas que le impiden contemplar que la parte más importante del capitalismo no es el “consumo” sino toda la estructura de bienes de capital que tiene que ser continuamente amortizada y rediseñada a través del cálculo y la función empresarial.”

Coño. Creía que era imposible que coincidiéramos en algo. Algo debe de estar mal.

43) “Pensémoslo un momento. El aluminio se extrae de la mina para, en última instancia, venderse en forma de automóvil. En teoría, hasta que no se vendiera el automóvil, los mineros no deberían poder cobrar, ya que el automóvil todavía no se ha “realizado” (vendido). Los distintos salarios que perciben antes de que su trabajo sea “útil” para el consumidor suponen un “adelanto” del empresario, un préstamo de dinero”

Pero si el coche lo compra una autoescuela donde estudia un fontanero que necesita sacarse el carnet para poder trabajar en una empresa de fontanería, los mineros no deberían cobrar hasta que el fontanero se apruebe el examen, o incluso hasta que la caldera que repare el fontanero funcione correctamente, o incluso, en caso de que la reparación vaya destinada a un hotel, no deberían cobrar hasta que el cliente del hotel, que podría ser Rallo, tome un baño calentito suficientemente a gusto. ¡Todo sea por la integración vertical! Y qué buenos son los capitalistas, por cierto, que adelantan dinero gratis a los trabajadores.

44) “En cualquier caso, pues, vemos que el appreisement empresarial, al basarse en la correcta anticipación de la utilidad marginal de los consumidores, sigue controlando el proceso de mercado.”

O sea, que los capitalistas conocen la utilidad que experimentan los consumidores, saben a quién le gustan las cañas, a quién las cocacolas…, y cuánto más una cosa que otra… Delirios.

45) “Es indistinto que compras se realizan por placer y cuáles por necesidad para sobrevivir. ¿Es que caso la supervivencia no es también útil para el ser humano? ¿Es qué la supervivencia no es, de hecho, el primer fin de todo ser humano no suicida?”

Vale. Supongamos que todo el mundo hace cosas útiles en el mercado, hasta los inútiles. Entonces cualquier comportamiento de los consumidores es compatible con los precios existentes, mientras no cambien las condiciones de trabajo. Por tanto no hay manera de comprobar científicamente la teoría que propone Rallo porque cualquier posibilidad real es compatible con la hipótesis. Todo ello es señal de que las experiencias valorativas subjetivas no inciden en los precios. Como mucho pueden pretender explicar, junto a la oferta, cuánto desean comprar los consumidores a los precios determinados por las cantidades de trabajo. Pero no dichos precios, que es de lo que se trata aquí.

46) “incluso aunque los consumidores fueran autómatas de los capitalistas, el precio se determinaría por la utilidad marginal de los capitalistas”

Coño. Procedamos a rebautizar de nuevo la teoría. Propongo “Teoría del valor basada en la utilidad marginal del consumidor, el capitalista y las locomotoras” (por aquello de dejar de lado el carboximetilalmidón de sodio y el silicato alumínico magnésico).

47) “La utilidad marginal, para desgracia de todos los marxistas, sigue siendo la principal explicación para la formación de los precios. No hay vuelta de hoja; sólo ciertos prejuicios arrogantes impiden reconocerlo.”

Punto final y conclusión/resumen por mi parte:

En esta versión de la utilidad marginal, se llama “utilidad marginal” (también podrían llamarlo deseo marginal, amor marginal o cualquier otra pijotada) del vendedor al precio de producción del capitalista (o sea, la suma del coste y la ganancia media), lo cual es precisamente lo que dice la teoría laboral. Y se llama utilidad marginal del consumidor a algo que puede variar entre ese nivel objetivo e infinito, ya que la valoración subjetiva no tiene límites. Como lo que cuenta es el último que compra (o sea, aquél para quien su supuesta “utilidad” coincide con el precio), a la postre afirman estos autores que el precio, formado según ellos por la utilidad de las dos partes del mercado, es el que ya decía que era la teoría laboral del valor. Para esta conclusión no hacía falta gastar tanta tinta.

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Colombia, o la OTAN llega al Pacífico

Colombia OTAN
La noticia, por previsible si se analizan los acontecimientos previos a que esto ocurriera, no deja de suponer un punto de inflexión histórico en Colombia en particular y en Latinoamérica en general. El país, que se encuentra justo en el punto geográfico de unión entre América del Sur y América Central, y por tanto, de Norteamérica, ingresará en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) la semana que empieza el lunes 28 de mayo de 2018. Así lo anunció el actual presidente, el conservador Juan Manuel Santos, el pasado viernes 25, en plena campaña electoral de las presidenciales, condicionando por completo los planes y programa que el nuevo presidente colombiano, sea quien sea, pueda desarrollar en la legislatura surgida de los comicios. Lo más probable es que salga Iván Luque, continuista de la labor de Santos y de Álvaro Uribe. Es decir, continuista con la línea conservadora, neoliberal, proestadounidense y rupturista de los procesos de integración latinoamericana emprendidos la década pasada.
La OTAN se originó en 1949, en plena Guerra Fría, para unificar militarmente a los Estados cuya clase dirigente fuera la Gran Burguesía capitalista antisoviética. Sobre la recuperación económica de Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial (el ‘Plan Marshall’), la OTAN, junto a la Comunidad Económica Europa, constituyeron el gran bloque geopolítico angloeuropeo frente a la Unión Soviética y sus países aliados de Europa del Este. Al ser derrocada la URSS entre 1989 y 1991, la Guerra Fría concluyó, pero la OTAN siguió existiendo, con la pretensión de seguir expandiéndose hacia el Este, cercando Moscú y el Área Pivote siberiana que ya teorizó el británico Haltford Mackinder a comienzos del siglo XX como el área cuya dominación aseguraría la dominación del Mundo. Su discípulo, el estadounidense Nicholas Spykman, modificó la teoría, afirmando que dicha Área Pivote no podía ser dominada directamente, pero sí era posible generar inestabilidad en la media luna geográfica que la rodeaba, y que abarcaba desde los Países Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) hasta el Sureste asiático, pasando por toda Europa oriental, el Cáucaso, Oriente Medio y el Subcontinente Indio. Cercar a Rusia, ya gobernase Yeltsin, Putin o Medvédev, fue entonces la consigna de las burguesías nacionales pro-OTAN. De ahí la importancia del ingreso de Turquía en la organización en 1952, y la ampliación a todo el antiguo bloque soviético desde 1999 hasta la actualidad. Sin embargo, la situación geopolítica, aunque sigue basándose en ese cerco a Rusia, ha cambiado en buena medida, y la entrada de Colombia en la organización imperialista depredadora OTAN da cuenta de esta nueva situación.
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Naciones integrantes de la OTAN en colos rosa. Colombia en rojo.

Colombia entrará como “socio global”, una figura que no equivale a miembro en sentido estricto, puesto que solo pueden entrar como nuevos miembros las naciones europeas. Las negociaciones para ello parten desde hace un lustro, y su consecución viene acompañada de la entrada de la nación en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Un club internacional capitalista de acreedores de deuda externa de países pobres que por cada dólar que prestan tienen que recibir tres a cambio, lo que prolonga la situación de dependencia de las naciones de la periferia mundial. Para muchos, que naciones como Colombia o Chile formen parte de la OCDE es un éxito que sitúa a ambos países como la locomotora económica y política de América del Sur. Sin embargo, la situación es mucho más compleja. Entrar a la vez en la OCDE y en la OTAN son dos acontecimientos que forman parte de un mismo proceso. Desde el año 2013, personal militar colombiano recibe formación militar en Oberammergau, pueblecito al sur de Alemania donde la OTAN tiene una escuela de cuadros de los ejércitos que forman parte de esta organización supraestatal. También en Roma, en el Colegio de Defensa de la OTAN en la capital italiana. Y el gobierno colombiano tiene contactos diplomáticos con las oficinas de la organización en Bélgica, Estado donde, además, tiene su sede la Unión Europea. Allí se firmó un acuerdo de intercambio de información y seguridad entre la OTAN y Colombia que, ahora, se fructifica. Ya entonces, Venezuela y Bolivia criticaron estos acercamientos, por lo que suponían a nivel geopolítico en el continente. No se equivocaban. Al tiempo, Colombia participó en maniobras navales en el Océano Índico, cerca de Somalia, en acciones contra la piratería de la zona. Entre 2016 y 2017, la diplomacia afianza la relación Colombia-OTAN, y ya se reconoce abiertamente que Colombia entrará como socio formal de la organización.
Colombia es la primera nación política no europea, ni norteamericana (Estados Unidos, Canadá) que entrará en la OTAN como “socio global”. Tras ella, otras han llamado a la puerta: Irak, Pakistán, Nueva Zelanda, Japón, Mongolia, Corea del Sur y Japón. Que estos Estados sean los que quieren entrar dice mucho de la nueva orientación que la OTAN está teniendo, tras las críticas pre-electorales que, en Estados Unidos, el ahora presidente estadounidense Donald Trump realizó a la organización, afirmando que estaba “obsoleta”. Una vez en el poder, Trump ya no afirma lo mismo, y ha conseguido darla un giro nuevo, conservando la estrategia inicial ya mencionada, de cerco a Rusia. La entrada de Colombia tiene una triple lectura a considerar:
1) A nivel de dialéctica de clases, interna a Colombia, de esta manera se blinda la orientación proestadounidense y neoliberal de su clase dirigente, cercenando aún más las posibilidades de transformación social que unas FARC convertidas en partido político socialdemócrata jamás podrán emprender. El “proceso de paz” colombiano ha permitido ecualizar, tras décadas de guerra civil encubierta, tanto a “izquierda” como a “derecha”, para que ambas converjan en la dirección a seguir del país. Con Colombia en la OTAN, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, reconvertidas en Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, quedan atadas a la dirección internacional que en todo el tiempo en que existieron como guerrilla no pudieron, ni supieron, alterar.
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Militantes y simpatizants de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), durante la campaña electoral de 2018

2) A nivel de dialéctica de Estados, por la cual la dialéctica de clases colombiana se vuelve internacional, el ingreso en la OTAN tiene una doble lectura. Ya hemos apuntado una, la cercenación del proceso de integración latinoamericano, o latinoamericanista, que trató de desarrollarse la década pasada auspiciada por la izquierda populista bolivariana en Venezuela con el ALBA-TCP, o por el MERCOSUR. Esta organización ha quedado destruida de facto en abril de este año, con la suspensión indefinida de su participación en la misma de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y, también, Colombia. El latinoamericanismo progresista vivía, así, su golpe más fuerte y definitivo, debido al cambio de orientación ideológica que esos países experimentaron en los últimos años. El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha entendido que esto introduce en América del Sur la posibilidad de acción bélica directa a una escala incluso mayor que durante los años de la Operación Cóndor, en las décadas de 1970 y 1980, que instauró dictaduras militares de derecha para impedir el auge del comunismo y el socialismo patriótico y soberano en el continente, auspiciados y dirigidos por los Estados Unidos. Ahora, con Colombia en la OTAN, en América del Sur entra una fuerza militar con capacidad nuclear en la frontera de los gobiernos progresistas de Ecuador y Venezuela. La táctica de la Guerra Fría entra a las puertas de la Venezuela bolivariana y del resto de naciones latinoamericanas como nunca antes había ocurrido. Y es que estamos en una Segunda Guerra Fría tras el periodo de “paz” transcurrido desde 1991 hasta hoy día.
3) Y aquí exponemos el segundo punto a nivel de dialéctica de Estados a considerar. Colombia ocupa un lugar geoestratégico fundamental para la estrategia estadounidense actual. Como ya dije, Colombia conecta América del Sur con América Central y, por tanto, con Norteamérica, y el Océano Pacífico con el Mar Caribe y, por tanto, con el Atlántico. Es la nación que se encuentra entre medias, podríamos decir, entre el Canal de Panamá y la Selva del Amazonas, lugar geoestratégicos para el comercio mundial y la explotación de recursos para los mercados internacionales. Y punto central de la Alianza del Pacífico, organización supranacional que comparte junto a México, Perú y Chile, cuyos orígenes se remontan a 2011, a la Declaración de Lima, y que rompe por la costa del Pacífico con la integración latinoamericanista del ALADI, MERCOSUR, ALBA-TCP y, sobre todo, UNASUR, como se demostró con la suspensión colectiva del pasado mes de abril. Auspiciada por la administración de Barack Obama, la Alianza del Pacífico ha demostrado ser un aliado fundamental de los Estados Unidos en esta Segunda Guerra Fría en que nos encontramos. ¿Por qué? Porque, junto a Colombia, el resto de Estados miembro de la Alianza del Pacífico forman parte también del TISA, siglas en inglés del Acuerdo en Comercio de Servicios, y que aglutina a los Estados firmanes tanto del TTIP (Unión Europea, Estados Unidos y Canadá) como del TTP (a los que, junto a la Alianza del Pacífico, hay que sumar Nueva Zelanda -de nuevo-, Australia, Malasia, Brunei, Singapur y Vietnam), a los que hay que añadir a Taiwán, de nuevo Corea del Sur y Japón además de Pakistán, e Israel.  El TISA es el acuerdo comercial marco de la nueva reconfiguración de las alianzas militares geoestratégica de antaño, pero no solo contra Rusia, heredera de la antigua URSS, sino también, y sobre todo, contra la República Popular China. El gigante socialista asiático, que amenaza seriamente la hegemonía política, económica, militar y cultural de Estados Unidos, aún más si cabe que la Unión Soviética en el siglo XX, es el enemigo a batir por Estados Unidos. Y de ahí la necesidad de hacer variar las organizaciones anticomunistas ya existentes hacia el nuevo enemigo. Así, la OTAN llega al Pacífico, el nuevo eje geopolítico del mundo, cuyo control comercial y militar determinará la hegemonía del siglo XXI y quizás del siguiente. No extrañaría que nuevos socios del continente, quizás Chile, acaben ingresando también en la organización militar en el futuro. Junto con el resto de miembros que han pedido el ingreso como “socios globales” ya mencionados, todos alrededor de China.
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Países firmantes del TISA.

Con el ingreso de Colombia en la OTAN, Trump da un giro geopolítico que, necesariamente, sus sucesores deberán seguir para reforzar la hegemonía imperial estadounidense del Mundo, junto a otras en la misma línea de reforzamiento como centro del Mundo. Se aborta toda posibilidad inmediata de un giro político dentro de Colombia, se remata el proceso de descomposición del proyecto de integración latinoamericanista desde posiciones bolivarianas o progresistas, el cual todavía no ha terminado, y se coloca a la OTAN en el nuevo campo de batalla marítimo del Pacífico, vigilando la presencia de China en América del Sur y controlando la orilla americana del hace siglos conocido como “Mar del Sur”, cuando Vasco Nuñez de Balboa lo bautizó tras descubrirlo subido a la colina del Chucunaque, en la actual Panamá. El “Lago Español” que recorrieron Magallanes y Elcano para dar la vuelta al Mundo hace 500 años, es hoy el campo de batalla más importante de la Segunda Guerra Fría. Y Colombia su primer gran bastión fuera de territorio estadounidense. Está por ver cómo se va a recomponer la Unión Europea, ahora que se va a encontrar escorada en el mapamundi mundial, a un extremo del mismo, mientras el Pacífico adquiere un protagonismo espectacular y Colombia se convierta en punta de lanza del imperialismo depredador del siglo XXI. Veremos cómo Alemania interviene, ahora, en Colombia y en todo el mundo iberoamericano.

En torno a “Acerca de la naciente tendencia del ‘economismo imperialista'”, de Lenin

Algunos neofeudalistas separatistas vasquistas en tuiter que se hacen pasar por “marxistas”, como Drazha Mihailovich o Stepanov (corren rumores de que son la misma persona, desconozco si es cierto), tratan de demostrar afanósamente que Lenin, en 1916, y dos años después de escribir “Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación”, acabó por desdecirse de los argumentos de 1914 y defender el separatismo en “Europa occidental”. Para ello recurren a un texto llamado “Acerca de la naciente tendencia del ‘economismo imperialista'”, publicado por primera vez en 1929, en la revista Bolshevik, en su número 15, pero escrito, según parece, entre agosto y septiembre de 1916. El texto puede leerse aquí:

https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/8-1916.htm

El texto es una contestación acerca de la cuestión de cómo se casa el economismo con el imperialismo. Es decir, la tendencia a reducir la lucha obrera revolucionaria a cuestiones económicas con el imperialismo, siendo tema particular de la carta la cuestión de la autodeterminación. El texto es corto, pero sobre él merece la pena hacer las siguientes consideraciones:

Lenin niega contradicción alguna entre este texto y el texto clásico sobre la autodeterminación de 1914, que analizamos en el libro El marxismo y la cuestión nacional española (El Viejo Topo, 2017). Esa contradicción que niega tiene que ver, en concreto, con dos simples lineas del texto que a Drazha-Stepanov les sirve para afirmar nada más y nada menos que Lenin apoyó, junto a Engels y Marx, la independencia de los vascos de España. Las líneas son las siguientes:

“Al autor le parece que me contradigo: en 1914 Prosveschenie decía que era absurdo buscar la autodeterminación “en los programas de los socialistas de Europa Occidental”, y en 1916 declaro que la autodeterminación es especialmente urgente.” ¡El autor no ha pensado (!!) que esos “programas” fueron escritos en 1875, 1880 y 1891!

En todo el texto no hay mención más a este tipo de cuestiones, y Lenin no vuelve a hablar del tema, salvo cuando menciona a Bélgica, cuya soberanía defendería, incluso mediante la guerra, si la guerra concreta imperialista no tuviese otro carácter, refiriéndose a la Primera Guerra Mundial. Lenin mete en el mismo saco a Bélgica y Holanda en el texto, a las que considera “naciones pequeñas con tradiciones seculares y pretensiones de gran potencia”, refiriéndose al imperialismo holandés, fracasado a la larga, como el belga.

De la lectura entera del texto solo se pueden desprender estas ideas:

  1. No hay contradicción entre 1914 y 1916 por varios motivos. El primero, porque Lenin siempre supeditó la autodeterminación al interés del proletariado, y eso se mantuvo siempre en sus escritos. Lenin entendió que, tras la Primera Guerra Mundial, y con la revolución bolchevique triunfante en Rusia, las naciones europeas harían la revolución proletaria y se acabarían unificando en una Unión de naciones obreras soviéticas, que fue, además, lo que inspiró la formación de la URSS. Como la Historia demostró, eso jamás ocurrió. El segundo, porque mientras en 1914 la guerra estaba en ciernes, en 1916 ya había guerra efectiva, y se consideraba que la autodeterminación (secesión) debilitaría los poderes burgueses en sus pretensiones bélicas imperialistas en favor de los proletarios. Sin embargo, acabada la guerra, se sabe que tras la Guerra Civil Rusa y con la creación de la URSS y de la Komintern, se volvió a los parámetros de 1914. O mejor dicho, las naciones políticas de Europa occidental, tras la guerra, demuestran su fortaleza histórica y política habiendo mantenido todas sus fronteras impolutas, salvo Alemania, y por el resultado de la Guerra.
  2. Del texto no se desprende en absoluto que España no sea una nación política y que Cataluña o el País Vasco se tengan que independizar, que es lo que estos tuiteros tratan de demostrar, escocidos por la repercusión de la verdad expuesta en nuestro libro. Cuando ellos argumentan que la autodeterminación la acabó defendiendo para Austria, siendo Austria Europa occidental, olvidan estos preclaros dirigentes que Austria es Europa Occidental hoy, no en 1916. Austria era la cabeza del Imperio Austrohúngaro. Y este, junto al Ruso y el Otomano, forman parte de Europa oriental, que es donde Lenin dice que hay que aplicar la autodeterminación. Lenin contempla la autodeterminación para Hungría y Austria, porque el Imperio Austrohúngaro, como el otomano y el ruso, es campo de batalla del bolchevismo oriental. Lenin se queja en su texto de la austencia de bolchevismo occidental, salvo en Alemania con los espartaquistas. Y pretende espabilarles con su escrito-carta. También hay que tener en cuenta que la desmembración de Austria-Hungría beneficiaba geopolíticamente al poder bolchevique, por la cercanía cultural y política tradicional entre rusos y serbios, los cuales aprovecharon la desmembración de ese Imperio y del Otomano para conformar Yugoslavia. En el caso que mencionan sobre Alsacia, no se trata de una nación oprimida, nunca lo ha sido. Sino de un territorio en disputa entre Francia y Alemania que, a juicio de Lenin, debería dejar de ser disputado para ver si los alsacianos quieren ser alemanes o franceses. Hoy diá son franceses, y no tendría sentido que votaran para volver a ser alemanes.

En conclusión muy breve. Drazha-Stepanov, que tiene una obsesión psicológica conmigo que debe ser tratada por un especialista, por cierto, no ve que Lenin se mantiene firme en sus posiciones. Primero, los intereses del proletariado por encima de la burguesía. Segundo, intento de adaptación a las circunstancias, que tras 1916 y tras la Primera Guerra Mundial, vuelven a adaptarse para, en 1922, defender practicamente las ideas defendidas por Rosa Luxemburgo acerca de la cuestión nacional. Y tercero, Que los programas de 1875, 1880 y 1891 fueron acertados a la hora de entender la idiosincrasia nacional política de Europa occidental, y la prueba es la resistencia de las naciones occidentales que los imperios multiétnicos orientales no pudieron resistir.

Una vez más, asistimos a un intento infructuoso de desprestigio y manipulación por parte de Drazha-Stepanov, el “traductor al euskera de Stalin”. Traducción ya de por si manipulada y reaccionaria, además de estupida. Pues no tiene sentido alguno traducir a Stalin al euskera, algo que es reaccionario por querer con ello justificar el nacionalismo vasco. Y algo estupido, porque sería tan anecdótico como traducir la Biblia al bable.


Alexandre Deulofeu y la reconstrucción del Imperio Español

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En estos tiempos de tribulación política, económica, pero también filosófica y científica (no así tecnológica), no dejan sin embargo de surgir los alquimistas, los astrólogos, los profetas y los futuristas que, mezclando todo eso con las herramientas matemáticas, tratan de explicar el pasado, el presente y el porvenir. El materialismo filosófico obliga a ser prudente ante cualquier construcción científica que pueda surgir, sin embargo, a partir de pseudociencias. Una pseudociencia es aquella conjunción de ideas o conceptos, muchas veces oscura y confusa, que pretende presentarse como ciencia y no es tal. La frenología del siglo XIX, que pretendía inferir el comportamiento humano a partir de la forma craneal y las facciones, es hoy día una pseudociencia sin discusión. Aunque, por paradójico que pueda parecer, la frenología ha sido catalogada por algunos como protociencia, en base a los descubrimientos neurocientíficos recientes, sobre todo a través de la neurocirugía tras la Segunda Guerra Mundial, descubriéndose la naturaleza electromagnética de los impulsos nerviosos, y también a través de los análisis fisiológicos y anatómicos del cerebro. No es que la neurocirugía sea la demostración empírica de la frenología decimonónica. Pero sí es verdad que la frontera entre pseudociencia, y protociencia, es muy difusa, y que depende de qué manera se vayan entretejiento los términos de un campo científico, y cerrando sus teoremas, para poder determinar si esa pseudociencia pasa a protociencia, y de ahí a ciencia. Con esto quiero decir que la frenología decimonónica fue, claramente, una pseudociencia. Pero no es “perro muerto” en este siglo XXI, y los avances en neurociencias permitirían hablar de una “neofrenología” que, no obstante, dista mucho de aquella pseudociencia ocurrida en tiempos del positivismo científico.

En el caso de la Historia es mucho más complicado. Aquí hablamos de una ciencia social, o ni siquiera, una disciplina del conocimiento beta-operatoria, en términos de Gustavo Bueno, en la que la acción de los sujetos está siempre presente, pues son las acciones de los sujetos del pasado, a través de las reliquias y relatos que dejan y que pueden ser cotejados en el presente, lo que permite analizar aquellas acciones y su influencia en la actualidad. La neutralización de las operaciones humanas en Historia, en el sentido de la teoría del cierre categorial de Bueno, no se produce como ocurre en la química o la física, por lo que no se puede cerrar el campo de la Historia. Aunque sí hay ramas de la disciplina donde el cierre es mayor que otras, como la demografía histórica o la historia cuantitativa. Pues bien, en esta segunda rama es donde se mueve la pseudociencia, que aspira a protociencia, de la “matemática de la Historia”, la propuesta de análisis histórico del químico, farmacéutico y filósofo de la historia español, Alexandre Deulofeu.

Para conocer al personaje es necesario hacer un pequeño bosquejo de su vida y obra. Originario de la provincia de Gerona, Deulofeu fue militante de juventud del partido nacionalista catalán Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), algo que, en buena medida, ha marcado sus análisis. Alcalde en funciones de un pueblo gerundense durante la Guerra Civil Española (1936-1939), se exilió a Francia al finalizar la guerra, acabando como muchos españoles republicanos en un campo de concentración francés. Liberado, ocho años después vuelve a su pueblo a ocuparse de la farmacia familiar. Durante esos periplos y hasta el fin de sus días se dedicó a pergeñar su filosofía de la Historia, la “matemática de la Historia”, nombre comercial de sus teorías que no puso él, sino Josep Renau. Aunque dedicó varios libros a pergeñar la teoría, incluso nueve volúmenes autoeditados todos en catalán (recordemos que durante el franquismo era legal publicar libros en catalán, no era una lengua perseguida, sino que no era oficial) con la intención de que los catalanes del futuro entendieran su obra y la hicieran suya, ninguna editoral ni autoridad académica le hizo el menor caso. Solo algunos militares venezolanos y argentinos le tuvieron en consideración, llegando incluso a ir a Buenos Aires a exponer sus teorías. Luego volveremos sobre esto para entender la importancia de su viaje. Fallecido, el legado de Deulofeu pasó desapercibido hasta que su nieto, Juli Gutiérrez Deulofeu, la desempolvó, la hizo suya, se convirtió en el albacea testamentario de la obra de su abuelo y consiguió, gracias a su asociación con el pseudocientífico Instituto Nova Historia, afín al separatismo catalán, y a la Asamblea Nacional Catalana, pregonar la buena nueva que su abuelo ha profetizado: el “Imperio Español” se fragmentará en varios Estados, entre ellos Cataluña, en el año 2029, o a partir de ese año, conformándose una confederación de naciones ibéricas sometidas a yugo alemán, que será el Imperio del siglo XXI y del XXII.

El nieto de Deulofeu es tan pesimista como su abuelo. No en vano, Deulofeu sacó sus teorías influido por Arnold J. Toynbee y por Oswald Spengler, entre otros teóricos de la “decadencia de Occidente”. La diferencia con ellos es que Deulofeu ofrece un cálculo cuantitativo de la duración de lo que él llama civilizaciones. Aunque todavía su nieto no ha ofrecido ninguna fórmula públicamente (ha llegado a afirmar que no existe, aunque seguidores en diversos puntos del mundo le envían, dice él, fórmulas que prueban la hipótesis de Deulofeu), y teniendo que poner en cuarentena todo cálculo cuantitativo de cosas que, en apariencia, no se pueden medir (utilidad marginal, cantidad de civilizaciones en el Universo -ecuación de Drake-), lo único que le queda a su nieto es presumir de los supuestos aciertos de su abuelo (Balcanización de Yugoslavia en los años 1930, derrota de Hitler en 1941, reunificación alemana y caída de la URSS antes del año 2000, descolonización británia y francesa tras la Segunda Guerra Mundial, etc.; una serie de acontecimientos ya predecibles por otras personalidades en la misma época o antes), pero ante públicos no académicos, no ante la historiografía oficial. Esta forma de divulgar supuestos hallazgos científicos es más típica de las pseudociencias que de otras disciplinas.

Sin embargo, el nieto no se desanima, pues ha logrado que hasta la televisión pública catalana, TV3, haya emitido un documental sobre su abuelo, tratando de ser divulgativo-biográfico. Eso sí, sin presentar en ningún momento los fundamentos científicos de su obra, solo la cuenta de resultados por así decir. Y en un momento en que la tensión separatista entre los dos millones de españoles que quieren dejar de serlo para arrebatar el territorio de la comunidad autónoma catalana al resto de España, frente a los más de dos millones de catalanes que se oponen al separatismo, la figura de Deulofeu emerge como la prueba científica de la inevitabilidad de la separación. La libertad bajo fianza del prófugo Puigdemont en Alemania da alas al nieto de Deulofeu y sus seguidores para proclamar a los cuatro vientos que la “matemática de la Historia” es infalible y que vencerán porque es lo que, científicamente, toca.

Ahora bien, ¿tiene alguna parte de verdad su pseudociencia para afirmar que puede convertirse en protociencia? El determinismo histórico, que nos dice que los procesos históricos son causales y que su estudio puede determinar las posibles vías de futuro a seguir, entienden que la libertad para actuar de los sujetos en la Historia, sin negar que exista, está limitada por el momento en que viven, y por las circunstancias. Esta perspectiva, que no debe confundirse con el historicismo o el teleologicismo (la Historia es inevitable de principio a fin, como si existiese predestinación), es compartida tanto en Hegel como en Marx, si bien han existido interpretaciones teleologicistas hegelianas y marxistas que han pensado en la inevitabilidad histórica de la llegada del espíritu absoluto a la tierra, o del comunismo final en Marx a ella. Deulofeu, furibundo antimarxista como su nieto, no obstante admitía la lucha de clases, pero siempre condicionada a la lucha real que hace la Historia, y que curiosamente, le hace coincidir con algunos planteamientos hegelianos y buenistas: la Historia la hacen los Imperios.

¿Cuáles son las premisas de la “matemática de la Historia”? Las civilizaciones duran todas un promedio de 5100 años, divido a su vez en tres periodos de 1700. Estos puede subdividirse en dos a su vez, uno inicial de 650 años, que Deulofeu llama fraccionamiento, que más bien sería conformación de diversos Estados pequeños, y otro de 1050 años llamado por Deulofeu de unificación. durante este periodo de unificación se forman los Imperios, que todos, según él, tienen una duración media de 550 años. Según su nieto, y a expensas de poder leer directamente la obra de su abuelo, estos cálculos se repiten constantemente, sin excepción, en todas las civilizaciones. Pero en esta afirmación surgen las primeras dudas razonables.

La primera, es que en ningún momento Deulofeu, o su nieto, ofrece una definición de Civilización, de Imperio o de Estado. Es más, llama Imperios a los Estados nación actuales. Para Deulofeu, España, Francia, el Reino Unido, la India o China, son Imperios, pero no porque ejerzan su influencia sobre otros Estados para someterlos, sino porque en su seno oprimen naciones étnicas o lingüísticas que se han “despersonalizado” para formar parte de un poder mayor. Es decir, da por hecho que esas naciones étnicas, como Cataluña, preexistían a España, lo cual es falso, y que la “matemática de la Historia” demostrará que acabarán liberadas para recuperar su personalidad inicial, eso sí, sometidas a Alemania. Con lo cual, más que una recuperación, lo que Cataluña experimentaría es un cambio de situación a peor, pues se convertiría en una eurorregión de la Unión Europea, parcelada económicamente y sometida culturalmente al capitalismo protestante neocolonial que, tras balcanizar Europa entera, administraría sus trocitos como neoprotectorados, al más puro estilo del imperialismo depredador neerlandés o británico. En todo caso, al llamar imperio a toda forma de Estado, incluso a aquellos que no han sido imperios nunca realmente, aunque se les denomine como tales (por ejemplo, el Imperio de Ghana, del cual Deulofeu no se ocupa), el análisis ofrece más confusión que lucidez.

Tampoco queda claro qué entiende Deulofeu por civilización. En todas las civilizaciones que analiza, está hablando realmente de Estados que evolucionan hasta ser imperios en periodos de tiempo muy largos. Sin embargo, la regla de los 5100 años no se cumplen, en realidad, con ninguna civilización que analiza. El Antiguo Egipto duró 3000 años, y las primeras civilizaciones como la Egipcia (Sumeria, Mesopotamia, Ur) surgieron hacia el 3000 a. C., desapareciendo todas ellas, o siendo absorbidas por otras, como la griega o la romana. De hecho, la Antigua Grecia duro un periodo muy inferior, del 1200 al 146 a. C., cuando es absorbida por Roma, la cual duró entre el 753 a. C. al 476 d. C., menos de mil años, a los que hay que sumar después los más de mil años de Imperio Romano de Oriente (Bizantino), del 393 al 1453. ¿Qué quiero decir con esto? Que ninguna civilización, realmente, ha durado 5100 años. Y es más, lo que confusamente llama Deulofeu “civilización occidental”, que empezaría con la Antigua Grecia, ya lleva existiendo unos 3346 años. Ergo, ¿de dónde saca Deulofeu sus cuentas al decir que todas las civilizaciones duran 5100 años? ¿No debería haber puesto su nieto al día esas cuentas teniendo en consideración la historiografía oficial y sus estudios? China, como sociedad política, por ejemplo, registra sus primeros textos escritos hablando de sí misma hace 3500 años, aunque la tradición oral extiende su inicio a 5000 o 6000 antes. La primera civilización en el valle del río Indo surgió hacia el 3300 a. C., y duró hasta el 1300 d. C., unos 4600 años. Si le sumamos después los años transcurridos hasta hoy, haciendo historia ficción y obviando las invasiones islámicas (del Islam nunca se preocupó Deulofeu), mongoles, mogoles y británicas, nos da un total de 5318 años de supuesta “civilización india”. ¿Acaso no debería haber desaparecido ya?

Lo mismo nos ocurre con los Imperios, cuya duración es problemática para la historiografía, así como determinar su extensión diacrónica (todos los territorios que fueron suyos).  Y es que aquí está el quid de la cuestión de la “matemática de la Historia de Deulofeu”. No es que no salgan las cuentas, dejando de lado supuestos aciertos que no se pueden corroborar sin leer la obra directamente, no traducida al español en su totalidad, sino que a lo que se está llamando civilización es realmente lo que debería ser llamado Imperio, pues Imperio es, en realidad, sinónimo, junto con Estado, de civilización. Por no hablar de las predicciones fallidas, de las cuales nunca habla su nieto, aunque salgan a la luz por otras vías, como la supuesta guerra civil en Francia que iba a acontecer en la segunda mitad del siglo XX, y que jamás aconteció, aunque sus seguidores quieran ver la Guerra de Argelia como la confirmación de la predicción de Deulofeu. De facto, Argelia era una colonia, y no un departamento francés más. La solicitud de ciudadanía que concedió Napoleón III a los argelinos en 1865 solo fue tomada por los judíos residentes allí, y franceses de pleno derecho eran solo los franceses originarios que allí vivían. Los de origen árabe se negaron, en un primer momento, a adoptar la ciudadanía francesa porque eso les haría vivir bajo una legislación ajena a la Sharía (ley islámica). Más adelante, a partir de 1881, se adoptó en Argelia el “código del indígena”, que convertía a los árabes argelinos en sujetos sin los mismos derechos políticos que los franceses de origen. Ergo la guerra fue en una colonia francesa (o en varias, como Vietnam antes), pero no en la metrópoli francesa. Sobre este fallo el nieto no dice nada, y seguramente las obras completas de Deulofeu no se traducen todavía enteramente al español porque, si las leyéramos directamente, encontraríamos aún más errores. Aunque siempre cabe la posibilidad de que el nieto falsee los hallazgos de su abuelo para hacer negocio de su obra.

En todo caso, si hablamos de duración de Imperios (Estados que logran someter a otros Estados o sociedades humanas para ponerlas a su servicio, bien para dejarles en igual o peor situación -imperios depredadores- bien para elevarlos al nivel de vida de la metrópoli e, incluso, permitir desde esa elevación conformar sociedades políticas nuevas -imperios generadores-), no se cumple siempre esa duración de 550 años, año arriba año abajo. Y digo lo de año arriba año abajo porque, de no producirse la balcanización de España en 2029, el nieto tendrá que dar explicaciones, aunque ya se ha curado en salud afirmando que su abuelo calculaba que ese fin de España se produciría con una diferencia de baremo de 20 años antes o 20 años después, con lo que la “independencia de Cataluña” bajo yugo alemán podría llegar en el año 2049. Si nos fijamos en la duración de algunos de los imperios más importantes de la Historia, tanto tratados por Deulofeu como no, vemos que la duración es muy disimil. Ya hablé del Imperio Romano que, si unimos reino, más república más Imperio, nos da un total de 1229 años, menos de un ciclo de 1700 años de Deulofeu, y más de 550. El Bizantino aguantó 1060 años. Y si extendemos la duración del Imperio Romano desde la fundación de la ciudad hasta la caída de Constantinopla a manos de los otomanos en 1453, el Imperio Romano y su extensión bizantina darían un total de 2289 años de influencia civilizatoria romana en Europa, menos de los 5100 años de duración de las civilizaciones. Pero como decía, veamos la duración de algunos imperios: Imperio Mongol: 162 años (1206-1368). Imperio Británico: 414 años (1583-1997). Imperio Ruso + Unión Soviética: 444 años (1547-1991). Solo hemos mencionado estos tres, cuando ya hemos hablado de la civilización china (imperios chinos en la Historia total) y de la India.

¿Y qué ocurre con el Imperio Español? Según Deulofeu y su nieto, este empieza en el 1479, con la victoria del bando isabelino tras la guerra de sucesión castellana que aseguró la unión dinástica entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos. Es decir, Deulofeu, como buen nacionalista catalán que siempre fue, entiende que el Imperio Español empezó con la “perdida de Cataluña de su libertad medieval”. Pero, cabe preguntarse, aparte de que Cataluña no existió como tal durante la Edad Media, ¿Por qué en ese momento y no antes o después? ¿Por qué no en 1492 con la conquista del Reino musulmán de Granada o con el Descubrimiento de América? ¿O por qué no antes con la conquista castellana de la isla de Lanzarote en 1402, o después, con la definitiva conquista del Reino de Navarra en 1512? Si partiésemos del año 1402, el Imperio Español habría desaparecido en el año 1952, pero no hay hecatombe política alguna ese año en España, a no ser que se considere el fin del Imperio la entrada de España en la ONU en 1955, y la independencia de Guinea Ecuatorial fue reconocida en 1968. Si hacemos la cuenta desde 1492, España desaparecerá en el año 2042, lo que coincidiría con la horquilla de 20 años arriba o abajo de Deulofeu, lo que le salvaría de la quema. Y si se cuenta desde 1512, España desaparecerá en el año 2052, fuera de la orquilla de Deulofeu, aunque se acabaría justificando. Es bien sabido que, si las cuentas se hacen desde 1492 a 1898, lo usual, el Imperio Español duró 406 años. Y si se hace desde 1402 a 1976, año en que las tropas españolas abandonan totalmente el territorio del Sáhara Occidental tras la Marcha Verde que, desde Marruecos, permitió conquistar el territorio (año que podría señalarse como el final real del Imperio Español), la duración del mismo habría sido de 574 años, con lo que, estirando un poquito la cuenta, esa habría sido la duración del Imperio Español. Lo que ocurre es que el análisis de Deulofeu está sesgado por un inevitable catalanocentrismo, que impide adaptar sus cuentas a otros momentos históricos en la Historia de España.

Ahora bien, tanto en ese caso como en otros, imaginemos que somos intelectualmente honestos y que, al mismo tiempo, Deulofeu tiene razón. Tanto desde la honestidad intelectual, que permite empezar y acabar el “Imperio Español” en diversos momentos, como si admitimos la apuesta de Deulofeu, y admitimos que tiene razón y España acaba en el año 2029, deberíamos realizar el análisis de los periodos de 1700 años en que surge lo que, parece ser, entiende Deulofeu como “civilización ibérica”. Deulofeu ha dividido ya en dos periodos de 1700 años la historia de los “pueblos ibéricos”. Un primero, desde el año 1000 a. C hasta el 700 d. C., desde Tartessos hasta la invasión musulmana; y un segundo periodo, iniciado en el 700 y que acabará hacia el año 2400, momento en el que se iniciaría un tercer y definitivo periodo que se prolongaría hasta el 4100. En el primer periodo los “pueblos ibéricos” se hacen civilización gracias a fenicios, griegos, cartagineses, y sobre todo romanos, hasta la caída del Imperio occidental, la llegada de los pueblos germánicos y el reino Visigodo, que cae en el 711 con la invasión del Califato Omeya. El segundo periodo ve como nace ahí el Califato de Córdoba, que se opone al crecimiento hacia el sur del reino de Asturias, luego León, y después las coronas navarra, aragonesa, castellana y portuguesa que, al culminar la Reconquista, inician un periodo imperial al unísono, pero también en rivalidad, que se extiende por América, Asia, África y Oceanía, generando los primeros imperios globales reales de la Tierra. Con el fin de los imperios español y portugués (no hay noticias de análisis del Imperio Portugués, que empieza con la conquista de Ceuta en 1415 y acaba con la independencia de las posesiones africanas en 1975, durando 560 años, que se extenderían a 584 con la entrega de Macao a China) y su entrada en la Unión Europea en 1986, comenzaría un proceso de fragmentación que se empezaría a revertir, según la teoría de Deulofeu, hacia el 2400.

¿Qué ocurriría a partir de ese año 2400? Pues siguiendo la teoría deloufeuliana, los pueblos ibéricos volverían a unificarse. ¿Cómo? Imposible saberlo. Aunque, teniendo en cuenta que Deulofeu afirmó, en su viaje a Buenos Aires, que la zona geográfica que comprende Argentina, Uruguay y el sur de Brasil (Estado de Rio Grande do Sul, en el que se habla mucho el idioma español y está asociada a la tradición de los gauchos, común a Uruguay y Argentina), se convertiría en el siglo XXI en el núcleo de una nueva “esperanza para la Humanidad”, sin especificar, que sepamos, en qué consistirá, lo cierto es que siguiendo los procesos de integración latinoamericana en curso, y la posible descomposición de los Estados Unidos de Norteamérica, teniendo en cuenta la cercanía inequívoca a nivel cultural entre España y Portugal y los países suramericanos nombrados, no podemos descartar, siguiendo la teoría de Deulofeu, que tarde o temprano los pueblos ibéricos balcanizados sean rescatados del yugo del Imperio Alemán que tanto celebra su nieto (un germanófilo de manual) por sus hermanos latinoamericanos, y se produzca una especie de reconstrucción del Imperio Español. Es más, ¿Y si el ciclo civilizatorio no es occidental, sino ibérico-hispánico-latinoamericano, y estamos a las puertas de una progresiva reconstrucción de lo que supuso el Imperio Español? Las teorías sobre la iberofonía de Frigdiano Álvaro Durantez Prados apuntan a que ese espacio geopolítico de naciones que hablan español y portugués, que abarca a más de 700 millones de personas que pueden mutuamente comprenderse entre sí (y Cataluña es una región que habla español, y por tanto puede comprender el portugués), acabará unificado. Con lo cual, la balcanización de España sería transitoria, y en el futuro su unidad podría recomponerse en ese nuevo Imperio Iberoamericano, o Iberófono, que rescataría a los pueblos ibéricos de su yugo germánico.

Pero cabe otra posibilidad. ¿Y si la civilización ibérica, o iberófona, hubiese solo realizado su primer ciclo y no dos? ¿Y si los pueblos ibéricos realmente importantes, España y Portugal, se hubiesen conformado durante la Reconquista contra el Islam como partes formales de una civilización, la iberófona que, siguiendo las ideas de Deulofeu, le quedasen todavía dos ciclos por realizar? Entonces el Imperio Español, tan denostado por Deulofeu y su nieto, no se recompondría una, sino dos veces más, hasta el año 5811 empezando a contar desde el 711, conquista omeya de la Península Ibérica. Los ciclos imperiales por tanto, quedarían gráficamente, siguiendo el método de Deulofeu, así:

Dos Ciclos de 1700 años

Así pues, siguiendo a Deulofeu, los partidarios de España y su obra no tendrían de qué preocuparse, como igual de despreocupados están los partidarios de Deulofeu, incluyendo su nieto, felices porque España desaparecerá en el 2029. Si Deulofeu falla, el ridículo será espantoso para su nieto. Pero si acierta, no importará porque, si la “matemática de la Historia no falla nunca”, España, y Cataluña con ella, podrían tener, como mínimo, un periodo futuro de reconstrucción del Imperio Español si seguimos la cuenta de Deulofeu. Y dos reconstrucciones del Imperio Español, si seguimos la adaptación que proponemos en tanto que hablamos de periodos de civilizaciones iberófonas más que meramente ibéricas.

Como vemos, la “matemática de la Historia”, como cualquier operación matemática, es muy adaptable. No debemos olvidar que hablamos de una pseudociencia, que aspira a protociencia como la “seducción científica” de Mario Luna aspira a afirmar que es posible acostarse con cualquier mujer siguiendo únicamente su “método científico”, parcheado con filosofía espiritual oriental (llamada por él netkaizen), de la misma manera que los deloufeuistas juntan sus cuentas matemáticas, sin fórmula, con astrología y alquimia. Por ahora, la “matemática de la Historia” no tiene consistencia ni interna ni externa, no se integra con otras ciencias, menos con la Historia, a pesar del cuantitativismo que, según el nieto, están realizando en la Universidad de Oxford siguiendo, según él, a su abuelo (no existe en Harvard ningún departamento que estudie la matemática de la historia, cosa que cualquiera que busque en Google podrá comprobar). La “matemática de la Historia”, además, es dogmática, no aplica el método científico más allá del razonamiento hipotético-deductivo muy pillado con pinzas que lo sostiene. Al ser dogmática, la “matemática de la Historia” no se puede someter a refutación y las condiciones para realizar dicha refutación no se pueden establecer. No aporta pruebas empíricas, por su dogmatismo, porque no tiene en cuenta la gran variabilidad de duración de Imperios en la Historia, entre otras cosas porque confunde Imperio con Civilización, Imperio con Estado y Estado con nación étnica. Es incoherente con el cuerpo organizado de la Historiografía, y de ahí el rechazo que le produjo a Jaume Vicens Vives lo que Deulofeu afirmaba. Deulofeu, además, es tratado como una figura sagrada, a la que se autoañade su nieto, un historiador aficionado con enormes lagunas, aunque se sacó el grado hace poco, lo cual no implica nada más que tiene un título Bolonia). Su abuelo es la máxima autoridad y sus ideas se convierten en inmutables, negando reformularse ante evidencias que condicionan sus asertos. Utiliza términos (civilización, Imperio, Estado, federación, proletariado, aristocracia, capitalismo, “espiritualidad”) que, o bien tergiversa de su sentido histórico, económico y político, o bien son oscuros y confusos, nada científicos (“esperanza para la humanidad”). Busca establecer una ley general de la Historia que, por los datos que hemos ofrecido, no se cumplen o tienen dificultad para adaptarse. Critica a la historiografía oficial porque, según el nieto, le cierran las puertas ante el “miedo a lo que dice”, aduciendo, por tanto, una conspiración. Al hablar de “espiritualidad”, la “matemática de la Historia” recurre a ideas filosóficas, inmateriales y sobrenaturales, que sobrevuelan y dirigen los fenómenos históricos que analiza. Esto en principio podría parecer una justificación teológica de un hallazgo científico, cosa que han hecho grandes profesionales en sus disciplinas. Pero resulta problemático en el caso de la Historia, porque en Deulofeu se mezcla el positivismo lógico decimonónico con explicaciones metafísicas e irracionales del devenir de las civilizaciones. Los deloufeuistas carecen de autocrítica si se sabe algo que invalida sus análisis, son incapaces de corregirlos y convierten la “matemática de la Historia” en algo incapaz de asimilar las contradicciones que pueda enfrentar. Y reclaman estatus científico, como Mario Luna, solo ante el público general, indocumentado en ciencias y en Historiografía. Los deloufeuistas todavía no han puesto a prueba sus teorías ante la comunidad historiográfica a nivel general, y dudo mucho que puedan aceptar críticas que les obliguen a readaptar sus métodos y conclusiones.

En definitiva, estamos ante una auténtica impostura intelectual, cuya única parte de verdad es que el determinismo causal histórico puede cuantitativizarse y, desde ahí, hacer inferencias analíticas hacia el porvenir. El problema que tiene la “matemática de la Historia” es que, si falla, siempre buscará una justificación a posteriori sobre su fallo. Por ejemplo, si España no se balcaniza en el 2029, y se produce una reforma constitucional de carácter federal dentro de unos Estados Unidos de Europa, conservando España su unidad formal, para el nieto de Deulofeu será un triunfo de las tesis de su abuelo, pero no para los deloufeuistas más separatistas. En todo caso, si la teoría es cierta, que no parece el caso, no habría de qué preocuparse y dejarse llevar. Porque, tarde o temprano, en un nuevo ciclo, o quizás en dos, Cataluña volverá al seno de un Imperio Español reconstruido desde Latinoamérica, siguiendo la idea de “civilización ibérica” o de pueblos ibéricos (ya iberoamericanos, o iberófonos, más extensos) que el propio Deulofeu teorizó. A fin de cuentas, una mera metodología matemática (sin ninguna fórmula conocida, repito) puede ser utilizada en la dirección contraria al uso ideológico actual que tiene, nacionalista catalán y separatista progermánico, algo muy tradicional en ERC, partido en que Deulofeu militó. ¿O acaso no podría decirse que son los periodos imperiales, y no los de fragmentación como afirma ideológicamente Deulofeu, los de mayor desarrollo científico, cultural, tecnológico y artístico? ¿Qué fue, si no, el Siglo de Oro Español?

“La humanidad no progresa”, decía Deulofeu. En parte es cierto, no hay progreso salvo tecnocientífico. Pero una parte del no progreso de la Humanidad consiste en dar pábulo a imposturas intelectuales como la “matemática de la Historia”. La cual, si fuese cierta, insisto, no podría más que reconocer la posibilidad de una reconstrucción futura, o dos, del Imperio Español.


Sobre el mal (y el bien)

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Los terribles acontecimientos de ayer en Almería, España, con el hallazgo del cadáver del niño Gabriel en el maletero del coche de su madrastra, unido a la carta de “El Chicle”, asesino de Diana Quer, jactándose de que saldrá en siete años de la cárcel y de que obtendría dinero a cambio de una exclusiva periodística, me han hecho recordar uno de los escritos de Gustavo Bueno más importantes, y menos conocidos: “La influencia causal y la estructura ontológica del mal”. Un texto breve y rotundo, sobre el cual merece la pena apuntar algunas cosas.

Tras cinco años desde que Izquierda Hispánica publicó esta entrada en su antigua web, que luego fue recuperada en mi web personal (http://www.armesilla.org/2013/07/el-bien-y-el-mal-desde-el-materialismo.html), el Diccionario Filosófico de Pelayo García Sierra, alojado en línea en el Proyecto de Filosofía en Español, publicó por fin la entrada 792 del Diccionario en su edición vegetal, editada allá por el año 2000. Es, probablemente, una de las entradas más importantes de aquel diccionario, o Summa Materialista, como creo que sería más apropiado llamarlo. El contenido es el mismo que el de mi entrada, y puede leerse aquí (http://www.filosofia.org/filomat/df792.htm).

Remito a la lectura de la entrada para profundizar en ella. No obstante, y teniendo en cuenta que es un tema que me interesa desde siempre, recomiendo la lectura de estos breves artículos que escribí hace tiempo sobre la personalidad humana, en tanto que figura intrínsecamente corpórea, operatoria, como fundamento de una ética materialista (“Breves apuntes para una fundamentación ética materialista: sobre la personalidad humana” I –http://www.armesilla.org/2014/02/breves-apuntes-para-una-fundamentacion.html– y II –http://www.armesilla.org/2014/05/breves-apuntes-para-una-fundamentacion.html-).

Podría sintetizar, en base a lo escrito por Bueno y los apuntes que luego escribí yo, mi posición respecto al bien y el mal, de una manera lo más entendible posible sin recurrir a tecnicismos filosóficos solo accesibles a entendidos del materialismo filosófico. Lo haré como sigue:

  1. El mal existe. El bien también existe. No son posiciones absolutas, pues absolutizar cualquier idea, también las ideas éticas y morales, conlleva hipostasiarlas, o lo que es lo mismo, convertirlas en ideas metafísicas. ¿Qué es metafísica desde una perspectiva materialista? La metafísica siempre fue una rama de la filosofía que se ocupaba del estudio del Ser, o lo que es lo mismo, de los fundamentos de la Realidad partiendo del mero estudio de las ideas que tratan de describirla, de totalizarla. El campo de la filosofía es el campo de las ideas, y las ideas se desprenden de conceptos conformados en campos científicos, políticos, culturales, etc. Estos campos son propios de saberes de primer grado. Siendo la filosofía un saber de segundo grado, los conceptos de primer grado solo los puede analizar tras su transformación dialéctica en ideas, para evitar el filosofismo, esto es, el fundamentalismo filosófico que se arrogaría para sí la explicación de todas las cosas desde la filosofía (todo es filosofía). Dicho esto, y volviendo al bien y al mal, el materialismo filosófico, siguiendo en esto a materialismos anteriores como el marxista, transforma la metafísica en ontología. La ontología, junto a la gnoseología (la filosofía de la ciencia), la antropología filosófica, la filosofía de la Historia, la filosofía política, la filosofía de la acción, el arte y la estética, es decir, el conjunto del saber filosófico, es solidario, dialécticamente, de los saberes de primer grado en tanto que todos los saberes (técnicos, tecnológicos, científicos, filosóficos) se conforman operatoriamente en tanto que son saberes objetivos, concretos e históricos. La disciplina que trataría de estudiar la trascendentalidad histórica, operatoria, materialista de los saberes sería la noetología. En el caso del bien y del mal, en tanto que ideas que se estudian en ética y moral, al estar asociados con saberes de primer grado como el derecho (el mal es castigado normativamente), la política (el Estado busca su estabilidad recurrente mediante el bienestar de sus habitantes), las ciencias naturales (la biología, al servicio de la medicina, trata de atajar o acabar con enfermedades de todo tipo), también tienen una conexión evidente con la ontología. Y lo tienen a través de la idea de causalidad. Por eso, el bien y el mal serían, a mi juicio, ideas muy ricas a estudiar desde la noetología. Una disciplina en pañales que, sin embargo, tendría que decir mucho al respecto si tuviera un núcleo ya formado.
  2. ¿Por qué la causalidad es importante a la hora de hablar del bien y del mal? Porque si rechazamos la metafísica desde coordenadas materialistas, tenemos que rechazar cualquier idea creacionista, que hipostasía ideas en lugares desde los que no es posible volver al mundo de los fenómenos reales. Por eso, las ideas de Dios, Alma, Espíritu Absoluto en Hegel, o Mundo en su sentido monista, son ideas metafísicas (ver aquí: http://www.filosofia.org/filomat/df004.htm). La metafísica se produce cuando determinadas ideas se convierten en sustancias, creadas ex nihilo, sin mediación causal alguna, aunque puedan partir en la realidad de un campo operatorio histórico concreto, como el Mundo. Todo materialismo serio ha de ser solidario de la idea de determinismo causal para explicar los fenómenos del Universo. Este determinismo causal no es contrario a la libertad, no es sinónimo de fatalismo, concretado en las religiones a través de la idea de predestinación. Si la Realidad es infinita, y todo lo real es material, todo lo que hay en la realidad está causalmente determinado por algo, que también es material. Esto no significa que todo determine a todo, como afirma el monismo. Algunas cosas determinan a otras, y otras no. Esta es la base de la idea platónica de Symploké que Gustavo Bueno incorpora en su ontología materialista, y sin la cual no podríamos entender la trascendentalidad de la construcción operatoria de la racionalidad que estudiaría la noetología. Y esto es importante a la hora de interpretar la cuestión del bien y del mal.
  3. Solo podemos determinar que un mal es tal si, previamente, los fenómenos de la Realidad implicados en un acto malvado han acabado causalmente determinados en él desviándose de una trayectoria previa que era buena. Y lo mismo vale en el caso contrario. Nuestra determinación sobre lo bueno o lo malo solo lo podemos hacer a posteriori, tras una investigación de los fenómenos ya ocurridos, que es la base de la investigación jurídica y political de todo crimen. La intuición, como parte de la razón, nos puede ayudar a entender si algo que está a punto de ocurrir puede tener un desenlace bueno o malo. Pero dicha intuición solo acertará una vez que los hechos se hayan consumado, y siempre será fruto de una acertada conjunción entre sabiduría, inteligencia y experiencia. Decía Nietzsche que “cuando un mal es necesario ya no es un mal, es un bien”. El problema de esta frase es que un “mal necesario” solo puede determinarse a posteriori de haber sido ejercido. Ahora bien, la determinación causal de un fenómeno maligno, por regla general, no podrá convertirse en un “mal necesario”. Objetivamente hablando, el mal es innecesario en tanto que cambia la trayectoria de unos fenómenos que sí eran necesarios para la recurrencia ética, moral y política de los sujetos y fenómenos implicados en las acciones previas. Ergo si algo perturba la dirección correcta de un fenómeno, de manera innecesaria porque las necesidades no son subjetivas, sino objetivas, concretas e históricas, y lo hace porque hay determinaciones trascendentales, noetológicas, que nos hacen ver que lo ocurrido era innecesario y que, por tanto, hay que tratar de reconstruir la situación anterior lo máximo posible, siendo imposible hacerlo siempre del todo (a veces es imposible de todas todas), entonces el mal es innecesario siempre, porque lo necesario objetivamente es siempre el bien, que no es otra cosa que la estabilidad recurrente de la personalidad humana (ética), del grupo (moral) y de la sociedad (política).
  4. Otra cuestión es si un acto violento como el sacrificio (ética), el matar a otra persona (moral) o una guerra civil o una revolución (política), pueden ser siempre males. El determinismo causal aquí también ayuda a resolver estas disyuntivas. Porque puede que el acto violento ayude a corregir un mal objetivo. En el caso ético, el suicidio es un mal porque  interrumpe una trayectoria recurrente buena, conectada con los otros moralmente y con la sociedad. Salvo, eso sí, en el caso de que se hablemos de un suicidio asistido debido a una enfermedad incurable que procura mucho sufrimiento al sujeto que quiere morir, o salvo en el caso de la eutanasia procesal, por la cual un criminal horrendo es ayudado a morir porque no puede soportar el peso de sus actos. También aquí se salvaría el sacrificio en la guerra del que está dispuesto a morir por salvar la vida del grupo moral o político al que pertenece, que no es el mismo caso que el del sujeto que está dispuesto a matarse para, supuestamente, hacer vencer su causa, como ocurre con los suicidas kamikazes, los yijadistas o los que hacen huelga de hambre. En el caso moral del homicidio, que es matar a otra persona sin premeditación previa, existe la figura del homicidio involuntario, cuando el sujeto que lo comete sabía que podía ocurrir la muerte de otro pero se falla al intentar evitarla. En el caso del homicidio preterintencional, el sujeto que mata a otro sin intención de hacerlo, pero mediante su acción el otro acaba muerto. En estos casos, la Ley actúa de manera diferente al homocidio doloso o al asesinato. Pero actúa de manera más diferente aún cuando el matar a otra persona se realiza en defensa propia probada, cuando corría peligro la vida del sujeto que mata al que le iba a matar. Tanto en el caso civil como en la guerra, la defensa propia no puede ser vista como un mal moral. Y en el caso político, la guerra civil o la revolución, siempre y cuando el resultado final al acabar dichos conflictos (luchas de clases) sea mejor comparado a la situación en que se vivía en la sociedad antes de la guerra civil o la revolución, no podrán ser calificados como males políticos. La comparación solo puede realizarse tras ver los resultados de ambos momentos políticos. Y, aunque suene polémico, lo mismo podría decirse de una invasión.
  5. Bueno, en su teoría del espacio antropológico, distinguió tres ejes que serían, según su antropología filosófica, aquellos en que podemos distinguir distintos tipos de relaciones entre los sujetos operatorios institucionales (las personas humanas) y lo que les rodea. El eje circular es el eje en el que unas personas se relacionan con otras a través de cosas. El eje radial es el eje en el que las personas se relacionan con su entorno natural. Y el eje angular es el eje en el que las personas se relacionan con otros seres inteligentes, también corpóreos y operatorios, principalmente los animales, aunque la filosofía de la religión de Bueno, expuesta en su libro El animal divino, permite incluir aquí a los seres numinosos que, con el tiempo, evolucionan a dioses, o a Dios. Al incluir a los dioses en el espacio antropológico, se deshipostasía a los mismos y, noetológicamente, se analiza la construcción operatoria trascendental compartida por el derecho, la política, la filosofía y la religión. ¿Y qué relación tiene el espacio antropológico con el bien y el mal? Teniendo en cuenta lo dicho acerca de la determinación causal en el cambio de trayectoria de los fenómenos de la Realidad, que los desvía de una trayectoria previa determinada como buena, podemos distinguir tres tipos de males. Los males circulares serían aquellos en los que se producen actos malignos entre personas (abusos, robos, asesinatos, extorsiones, torturas, vejaciones, humillaciones, maltrato, etc.). Los males radiales serían aquellos en los que se producen actos malignos de las personas sobre el entorno natural (indencios forestales, vertidos tóxicos a ríos, lagos, mares y océanos, contaminación del aire, gasto innecesario de materias primas, etc.). Y los males angulares serían aquellos en los que se producen acdtos malignos de las personas sobre los animales (abuso sexual, tortura, muerte innecesaria de animales, etc.) o sobre otros seres inteligentes con los que podríamos tener contacto y que no son humanos (casos hipotéticos con extraterrestres).

Así pues, desde una perspectiva materialista, no metafísica, podemos decir que el bien existe, y que el mal existe. Pero al negar el derecho natural, que hipostasía elementos de la realidad hasta desconectarlos con los fenómenos (reconexión que solo puede realizar mediante la parte materialista, fáctica, del análisis determinista causal de los hechos que han producido un mal), el materialismo afirmaría que mal es todo aquello que aparta de una trayectoria buena a algo que antes funcionaba de manera estable y recurrente en el plano ético, moral y político. Esta acción maligna puede ser progresiva, e ir apartando del bien al sujeto de manera gradual (un cáncer), a un grupo (una degeneración moral aberrante, o una extinción del grupo debido a divesos factores como los conflictos internos constantes, o al suicidio colectivo en las sectas) o a una sociedad (una decrepitud absoluta de sus pilares fundamentales, o una guerra devastadora seguida de un exterminio). En todo caso, la capacidad racional del ser humano, construida colectivamente, ha permitido la recurrencia de personas, grupos y situaciones tras grandes males que les ha permitido, si cabe, conformar situaciones buenas que, en muchos casos, son mejores que las anteriores a producirse el mal. Lo que no implica que el mal sea “necesario”, como una especie de fatalismo inevitable. Sino a que la resiliencia es algo intrínseco a la razón operatorio-corpórea humana.

Cabe hacer una última distinción, entre un mal intrínseco y un mal extrínseco. El primero es el mal producido por la acción humana. El segundo por razones ajenas a dicha acción. Una muerte natural (ética), un alud de nieve sobre un pueblo matando a todos sus habitantes (moral) o la mutación genética de la gripe que crea una pandemia (política) son ejemplos de males extrínsecos.


Algunas reflexiones en torno a la jornada feminista del 8M

Atocha feminista

En una entrada anterior al 8 de marzo, advertí que no se debían hacer valoraciones sobre la jornada feminista de ayer hasta que no ocurriera. A modo de aproximación a la jornada en sí, y teniendo en cuenta que la movilización es solo una parte más, muy importante pero no siempre decisiva, de cualquier movimiento social a la hora de lograr cumplir sus reivindicaciones, entiendo que es posible valorar ciertos aspectos de la misma:

  1. La movilización fue indiscutiblemente un gran éxito en toda España. Se calcula que más de cinco millones de personas salieron a la calle ayer, la mayoría mujeres. Se pudo ver en la concentración a familias enteras con sus hijos también. La tónica reivindicativa y festiva mayormente, heredera del 15M, sigue presente. Pero la movilización, por lo que a la cantidad de personas que salieron a la calle se refiere, solo es equiparable cuantitativamente a las marchas por la dignidad. El feminismo ha tomado el relevo de aquellas marchas, con la diferencia de que, aparentemente, las reivindicaciones del 8M son más concretas que aquellas. Así pues, en lo que respecta a la organización de la movilización en la calle, sin duda fue un gran éxito.
  2. CEOE y Cepyme se opusieron a la huelga, no así otros importantes representantes de la gran burguesía, como Ana Botín o Jaume Roures, quien permitió la escenificación de la misma en su cadena de televisión, La Sexta. En su programa matinal de debate político, Al Rojo Vivo, se pudieron ver en la redacción y en el estudio solo a hombres trabajando. Los sitios de las redactoras tenían el cartel de huelga en sus pantallas de ordenador. El mensaje que eso transmitía, lejos de una mera solidaridad, era sencillamente que las mujeres eran prescindibles en el proceso productivo capitalista. No en vano, Estados como Arabia Saudí funcionan económicamente, son recurrentes y poderosos, sin que las mujeres participen apenas en el proceso productivo. Una visión dantesca de las relaciones laborales ofrecida por La Sexta, que se vio opacada con la movilización callejera nacional de la tarde.
  3. Es probable que se repita una movilización masiva de nuevo con la siguiente reivindicación en agenda, la de los pensionistas. Algo común ya desde hace muchos años en España, en lo que respecta a las organizaciones de “izquierdas”, tanto las parlamentarias como las extraparlamentarias, tanto en sindicatos de clase como en asociaciones y partidos políticos, es estar presentes en todo tipo de reivindicación social que, más o menos, suene a su ideología para, no solo influir en el éxito de la reivindicación, sino también en lograr adhesiones y militancia nueva, así como mayor influencia social por su parte. Otro tipo de organizaciones también hacen esto. La Iglesia Católica, la mayor experta histórica en estos cometidos, también se posicionó, por vía de declaraciones del cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, a favor de la huelga al afirmar que la Virgen María también se movilizaría. La misión de la Iglesia Católica es salvar almas. Y, aunque la técnica pueda parecer zafia y cutre, el objetivo es que despierte algún atisbo de fe en alguna de las manifestantes para que pueda acabar de nuevo en los brazos del catolicismo. Ya ha ocurrido en otras ocasiones, como con la ex-militante brasileña de FEMEN, Sara Winter, ahora católica y arrepentida de su pasado. El caso es que, en muchas ocasiones, las organizaciones participantes en las movilizaciones, de manera legítima y unas con más acierto que otras, se presentan en ellas para, básicamente, reforzarse como tales tanto cuantitativa como cualitativamente. Y eso, a la larga, supone un problema, en tanto que la pluralidad de organizaciones en acción descentra los objetivos a conseguir, hasta que hay una en concreto que se vuelve hegemónica por su mayor nivel de militancia, organización y experiencia. Así ocurrió con el PSOE en el año 2004 tras tres años de movilizaciones por el “No a la Guerra” durante la segunda invasión estadounidense de Iraq. No sirvió de mucho aquello, porque el PSOE mandó tiempo después una fragata de apoyo a los mares cercanos al país árabe, y Zapatero aseguró a Estados Unidos que el país sería un pilar fundamental del escudo antimisiles (antirruso). Cosa que ya somos.
  4. Siguiendo con el punto anterior, y al hilo de la cuestión de la movilización y de las reivindicaciones que cambian mucho la sociedad para no cambiar en absoluto la raíz o núcleo de la misma, aunque se modifice en parte su cuerpo y su curso, hay que recordar lo que supuso en España la legalización del matrimonio homosexual en el año 2005, también por el gobierno de Zapatero. En absoluto el modo de producción capitalista se vio afectado por esto, es más, salió reforzado. También saldrá reforzado, como ocurrió en Islandia, en el momento en que las medidas pedidas en el Manifiesto de la Comisión del 8M sean implementadas y aceptadas socialmente, aunque solo se acepten algunas. Al contrario de lo que muchos piensan, lo que está acabando progresivamente con los restos históricos que nos quedan de los sistemas patriarcales milenarios, es el capitalismo. La razón es simple, no le es funcional a la hora de generar capital, de producir productos nuevos y relaciones sociales nuevas sin lo cual  el propio capitalismo desaparecería. La renovación constante, la revolución constante de las personas y las cosas, el derribo de toda barrera tradicional que, aún opresiva, genere seguridad personal y grupal, es la esencia del modo de producción capitalista. Esto lo han visto los sectores más inteligentes de la gran burguesía. El patriarcado no es funcional a las democracias liberales de mercado pletórico, porque con una población envejecida, una demografía descendente, una población masculina con cada vez menor presencia en los estudios superiores, una maquinización y robotización del trabajo productivo, unido a una descentralización de la producción de mercancías a escala global que hace que los obreros de un lugar ya no sean funcionales, en parte, al capital nacional cuando éste puede emplear a fuerza de trabajo más barata en otras localizaciones geográficas, obliga a reorganizar completamente el mundo del trabajo. Ya la mujer pudo liberarse de su sometimiento patriarcal gracias a la Primera Guerra Mundial, cuando el hombre en las trincheras no podía producir y las mujeres tuvieron que ir a las fábricas a realizar la tarea de producir armamento bélico. “La violencia es la partera de la Historia”, decía acertadamente Engels. Con la división internacional del trabajo actual, en un país más basado en el sector servicios que en la industria pesada, la reorganización laboral será más rápida y menos costosa que en los países más industrializados y que en los países subdesarrollados. En los primeros, la expulsión del obrero masculino de las fábricas por la maquinización le conduce, como ocurre en Estados Unidos, a la marginización social, al paro perpetuo y al suicidio progresivo mediante el consumo de drogas. En los segundos, los hombres siguen dominando a las mujeres realizando mayoritariamente trabajos arcaicos, extractivos de materias primas dedicadas a la exportación, siendo esta la base de la dependencia económica de las naciones del llamado “Tercer Mundo”. De esta manera, la inmensa oleada de feminismo actual en el mundo desarrollado sobre todo, estando España y Argentina en su vanguardia hispánica, se frenará cuando el propio capitalismo haya minimizado o destruido los restos últimos de instituciones patriarcales centenarias, y la explotación entre mujeres de clases distintas, y de mujeres burguesas a hombres obreros, se vea tan normal como la explotación de hombres a mujeres y de hombres entre sí. Y este verlo normal equivale a no ver que hay explotación, a negarla. Para seguir produciendo valor, y extrayendo plusvalor, el capitalismo ha de renovarse constantemente, y protegerse violentamente, cuando se ve en peligro. Es revolucionario en esencia, el sistema económico más revolucionario de la Historia, por ahora. Y cuando ya haya revolucionado la relación entre hombres y mujeres, tendrá que buscar otra revolución.
  5. Según cálculos de Comisiones Obreras (CCOO), el paro fue seguido por casi 6 millones de personas, cumpliéndose los paros en la administración pública (funcionariado), servicios (ocio, turismo) e industria (sin especificar sectores). Está todavía por calcularse el impacto económico real de los paros. A priori, diría que el mundo (del trabajo) no se paró realmente. El ejemplo de Al Rojo Vivo me parece ilustrativo. Esperando datos reales del impacto de los tres paros por turnos de dos horas de ayer, el capital español tiene capacidad de sobra para asumir las reivindicaciones del 8M, y no por el impacto de los paros, sino por su capacidad de absorción de demandas que le permiten revolucionarse constantemente. Este punto está en relación tanto con el punto 4. como con el punto 3.
  6. He de señalar además el detalle chabacano de la bandera rojigualda extendida en la Gran Vía madrileña ayer por el coletivo Homo Velamine, que rezaba “Viva España Feminista”, buscando la sorna entre los manifestantes más que una reivindicación patriótica. Asociados al colectivo Cuñadología, estos bohemios universitarios pequeñoburgueses, de los cuales conozco a algunos sujetos, realizaron la tontería del día. Sobran payasos de este jaez en toda reivindidación obrera.

En conclusión, diría que la jornada de ayer es tremendamente contradictoria. Una movilización más que masiva, sin duda exitosa, en la que se mezclan algunas reivindicaciones que cualquiera que no sea un enano mental puede defender, con oportunismo organizativo, indefinición política, mero reformismo, ganas de movilizarse por movilizarse como si el mero hecho de estar en la calle convierta ya la potencia política en acto, críticas extemporáneas desde el conservadurismo y el liberalismo patrios que refuerzan a la movilización en lo que respecta a la ideología dominante de la misma (el izquierdismo indefinido), 15meísmo, postmodernismo, universitarismo, dudas sobre el éxito del paro laboral, y la certeza de que el capitalismo español está ya en una fase de absoluta homologación ideológica y práctica con el capitalismo de Europa occidental y Norteamérica, lo que le va a permitir continuar con fuerza su curso tras la absorción de las demandas de ayer (¿llegará el día en que la trabajadora doméstica no remunerada hoy, el ama de casa que sacó sus delantales por los balcones ayer 8 de marzo, tenga un salario y cotice, pagada por una empresa privada? ¿cómo se alterarían las relaciones sociales extraeconómicas del hogar obrero si esto ocurriera?), me parecen motivos suficientes para alertar ante el optimismo. Palabras como “izquierda”, “revolución” y ahora “huelga” están quedando totalmente desvirtuadas de su esencia política. Han sido “deconstruidas”, su significado se pretende cambiar de cara a adaptarse a un capitalismo pluralista y descentralizado que tiene muchos consumidores a los que satisfacer en sus demandas, hasta en las más absurdas y degeneradas. Y de ahí la necesidad de deconstrucción, sobre todo de ideas-fuerza que atenten contra su recurrencia, contra su existencia.

Diría, por tanto, que estamos ante un gran éxito sociocultural, pero no, al menos desde una perspectiva marxista, materialista, ante un éxito político.

La jornada exitosa de ayer está muy lejos de la huelga general de 1988, la mayor huelga de la Historia de España, que supuso el golpe mortal que provocó la progresiva muerte del PSOE de Felipe González. Desde entonces, ni el “No a la Guerra”, ni las “marchas por la dignidad”, ni el “15M”, ni el 1-O en Cataluña y los 11S de años anteriores, ni el “8M”, han supuesto ni de lejos un peligro real contra el poder político-económico español. Es más, todos lo han reforzado a la larga. La movilización masiva, sin dirección clara y nítida, definida, fuerte, disciplinada realmente, puede ser incluso más masiva en número que la definida. Pero en ocasiones actúa con los movilizados como un abrazo del oso, en el que el calor de otro inmenso ser vivo te ahoga y aplasta mientras tú esbozas una ilusionante sonrisa.


Carta abierta a María Elvira Roca Barea

Imperiofobia

Estimada María Elvira,

El pasado sábado a la noche me acabé por fin tu libro. Quería escribirte para darte las gracias por escribir algo así. Cuando lo compré iba por la séptima edición, y tardé varios meses en empezar a leerlo porque tenía otras lecturas pendientes de terminar. Ahora que lo he terminado, he de decirte sin exagerar que tu obra maestra supone para la Historiografía sobre España, y también sobre la de Hispanoamérica, lo que para la Biología supuso “El origen de las especies” de Darwin. Tu libro supone un antes y un después en la comprensión de la Historia de España, y la repercusión del mismo es de onda larga, pues permitirá a los estudiosos de estas cuestiones en el futuro partir de tu análisis para posicionarse y, sobre todo, para investigar.

No he dejado de compartir pantallazos de sus páginas en mi cuenta de tuiter, y mucha gente que me sigue se lo va a comprar por ello. También he tenido algún que otro cenizo que defiende que tu libro conlleva una defensa de la leyenda dorada y que es nacional-católico o falangista. Hay que ser corto de miras, por no decir imbécil, para seguir con esos prejuicios. No es que hagas una defensa del Imperio Español, es que haces una exposición de la verdad histórica, y eso no deja en muy buen lugar a los Imperios competidores del nuestro, sin lugar a dudas. La Monarquía Católica Universal fue la heredera, en la Edad Moderna y en los comienzos de la Contemporánea, tanto de la Macedonia de Alejandro Magno como de la Roma de Augusto y Trajano. Esto escuece porque, como tú bien dices, una de las naciones políticas escindidas de aquel Imperio sigue llamándose España y ocupa el lugar geográfico donde se inició esa expansión Imperial, la Península Ibérica.

Solo disiento del último párrafo, en el que hablas de permanecer en la Unión Europea. Es una valoración prudente, presentista, pero que a la larga no está trayendo más que problemas a España, a pesar del apoyo del grueso de la UE a España con el tema catalán. Que, sin embargo, podría torcerse en el momento en que Kósovo entre en la Unión. Ya están Eslovenia y Croacia. Y magnífica tu exposición sobre la situación griega respecto de la deuda externa, la crisis económica y los favores históricos que Alemania recibió incluso tras el Tratado de Versalles. Alemania, ese gigante económico pero enano militar que resulta ser, en realidad, el lugarteniente de los Estados Unidos de (Norte) América en suelo europeo. Te faltó poner en el libro la famosa frase de Charles De Gaulle: “Me gusta tanto Alemania que prefiero que haya dos”.

Lo dicho, tu investigación titánica está teniendo un efecto histórico, transversal a ideologías y generaciones, que contados ensayos tienen en la Historia de una disciplina, trascendiéndola hasta volverse en un punto de inflexión para la vida de cualquier persona que quiera conocer quién es, de dónde viene y a dónde quiere, y puede, y debe, ir. En muchos puntos de tu ensayo coincides con otro libro que me marcó muchísimo, “España frente a Europa”, de Gustavo Bueno. Tu diferenciación entre Imperio y colonialismo (en Lenin, el Imperialismo es el término que acaba por definir la expansión colonial de finales del siglo XIX y principios del XX y a sus efectos en la economía capitalista de entonces) es la misma que realiza Bueno entre Imperio Generador (Macedonia, Roma, España, Estados Unidos, la Unión Soviética) e Imperio Depredador (Imperio Aqueménida, Portugal, Holanda, Inglaterra, el Tercer Reich). No es una diferenciación baladí, pues lo que diferencia a uno de otro es la reproducción de las instituciones políticas, económicas, culturales, sociales y culturales de la metrópoli en los territorios conquistados y el grado en que esa reproducción se desarrolla. Por supuesto, toda generación conlleva depredación (minas del Potosí) y toda depredación conlleva generación (como analizó Marx en su textos sobre la dominación británica en la India). Pero la norma de uno u otro determina qué línea, u ortograma que diría Bueno, es el predominante en la Historia de cada Imperio. Y cómo tú bien señalas, es entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX cuando la Monarquía Católica Universal comienza a desarrollar modos propios del Imperio depredador, o colonial, si bien nunca en el grado extremo en que pudieron desarrollar holandeses, británicos, belgas o alemanes.

Lo dicho, tu investigación es prácticamente imposible de refutar. Y si alguien tuviera honestidad intelectual y quisiera refutarte, debería tener los arrestos para leerse entero el libro y, al menos escribir otro para hacerlo. Pero ducho mucho que eso ocurra. Solo realizarán escamoteos propagandísticos para tratar de desacreditarte, sobre todo por Internet. Pero no olvides una cosa: los tuits se los lleva el viento, los libros permanecen.

Gracias por permitirnos leerte. Ha sido un viaje apasionante. Pues has invitado a muchísimas personas, a través del libro, a cogerte de la mano y seguir aquella máxima de Antonio Machado:

¿Tú verdad?
No, la Verdad.
Y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guardatela.

Un gran abrazo.